Escrito por da-beat, el 26 de octubre de 2008, a las 17:47

Seguimos en la oficina, esta vez para recordarnos que tenemos una calculadora en nuestra cabeza y que no siempre debemos pedir ayuda a un aparato para que nos haga las cuentas. Fijaos en este vídeo de Jim:

Seguro que la mayoría de vosotros sabíais el resultado antes de que lo dijera. Esto es porque, para las cuentas sencillas, como 7 + 4, tardamos más en pulsar las teclas de la calculadora que en decir el resultado. Hay que aprender entonces a distinguir en qué casos necesitamos ayuda externa y en qué casos no, siendo en esta frase la palabra clave ayuda. No debemos olvidar que la calculadora es una ayuda y, como tal, solo deberíamos recurrir a ella cuando sea necesario. El objetivo de una persona (y esto es lo que la escuela intenta darnos) es valerse por sí misma, ser independiente. Evidentemente, en el mundo actual es casi imposible ser totalmente autónomo, y tenemos que pedir ayuda a un técnico, a un médico o a un fontanero (para averías grandes), aunque siempre, en un primer momento, queremos evitarlo e intentamos arreglar las cosas nosotros mismos. Parece que, instintivamente, tenemos reparos en pedir ayuda. Con las calculadoras es al contrario. Como no son personas, perdemos esa vergüenza y le pedimos ayuda incluso cuando no la necesitamos.

Y no estoy en contra de las calculadoras, que conste, solo en contra de utilizarlas para cuentas sencillas. Una calculadora es un invento genial porque hace \sqrt[5]{2567} en unos segundos y nos da más decimales de los que necesitamos, pero como invento para resolver 21*2 ó \sqrt{81} es bastante tonto. Si recurrimos a ellas siempre, corremos el peligro de pasar a depender de ellas, convirtiendo esa ayuda en necesidad, y convirtiendonos nosotros en personas “anuméricas” como parece haberle pasado a Kevin:

He centrado el post sobre las calculadoras porque toca más de cerca a las matemáticas, pero lo mismo podría decirse del corrector del Word y de tantas otras ayudas que, poco a poco, se nos están convirtiendo en necesidad.


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Hay 2 comentarios

  1. Fernando dijo:

    Da-beat, tal vez ya lo conozcas pero, con tu entrada, me he acordado del cuento de Isaac Asimov, “La sensación de poder” (aquí). Cada año, a principio de curso, se lo doy a leer a mis alumnos, no sé si con mucho o poco éxito (algunos no saben ni siquiera quién es Asimov. Y eso que van a ser en su mayoría ingenieros. O tal vez por eso… 😀 ). Como dices, las calculadoras son útiles, muy útiles, y sirven para muchas cosas. Pero también para convertirnos en seres atrofiados para el cálculo. Como si nos pusiéramos prótesis cada vez que salimos a caminar, o a correr…
    Un saludo,

    fernando

  2. da-beat dijo:

    Lo conozco, de hecho pensaba en él mientras escribía el post. Yo también se lo pongo a leer a los alumnos, como trabajo de clase, y les pido que respondan a unas preguntas (resumen del cuento, si es real o ciencia ficción, si podría pasar en la realidad, etc). Me temo que con poco éxito, pues muchos responden que es real, y muy pocos se dan cuenta de qué trata el texto en realidad. No sé si no lo leen o lo leen y realmente no lo entienden, pero eso me preocupa más que el hecho de que no conozcan a Asimov: la comprensión lectora. Eso me hace darme cuenta de que debemos trabajar el fomento de la lectura desde todas las materias.

    No lo puse en el post para no extenderme, pero ya había hablado de él en el foro de NoSoloMates (precursor de este blog y del que tendré que rescatar varios artículos, porque el foro cada vez funciona peor), a raíz de un artículo de Miquel Barcelo en la revista Tribuna de Astronomía de Abril de 2004.

    Saludos.

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