Escrito por da-beat, el 7 de enero de 2008, a las 18:30

Propuesto por Montse, el Blog de NoSoloMates se convierte en sede del C.I.O. (Claustro Ideal Oficial) que ya ha sido convocado por Juanjo, Ramón y Montse.

Antes de dar comienzo, me gustaría aclarar que mi idea del C.I.O. es la de un claustro en el que se tratan temas que nos interesan y que no suelen tratarse, o se tratan de manera superficial, en los claustros ordinarios. También es la idea de un claustro voluntario, al que está convocada cualquier persona que se interese por la educación y quiera o bien aportar su opinión, o bien aprender de las opiniones de los demás. Es por tanto un claustro en el que los participantes dicen cosas coherentes, razonadas y con afán de aprender unos de otros. De ahí que sea ideal. Eso significa que está abierto al debate y a los puntos de vista opuestos, pero ese debate se hará de forma civilizada. Los insultos, las descalificaciones y los mensajes con intenciones que no sean las anteriormente mencionadas no tienen lugar en un claustro que se autodenomina “ideal”. Para eso ya están los claustros ordinarios, de los que intentamos, de alguna forma, huir.

Una vez hecha la declaración de intenciones, voy con uno de los temas que más me “molestan” de los claustros ordinarios, y es la cantidad de tiempo que se invierte en hablar de los castigos, los protocolos de actuación ante las incidencias, los “partes”, las faltas leves, las graves y las muy graves, cuándo se debe llamar a los padres y cuándo no hace falta, las amonestaciones, etc. Y, en la otra parte, el poco tiempo que se dedica a los alumnos que “se portan bien”. Parece que en el claustro del primer día de Instituto ya declaramos a los alumnos como nuestros enemigos.

Resumiendo, sabemos qué hacer cuando un alumno molesta en clase, pero no sabemos qué hacer cuando se porta correctamente. Hay mil castigos, pero ningún premio. El premio al que estudia, como solemos decir, es “un futuro, unos conocimientos, una cultura, bla, bla, bla… ¿te parece poco?”. No es que yo crea que es un premio insuficiente, sino que me pregunto qué importancia tiene todo eso para personas de 12-16 años, una edad en la que la mente trabaja a corto plazo. Da la impresión de que el único aliciente para que estudien es “que no serán castigados”.

¡Ojo! No hablo de premios materiales tipo “si apruebas te compro la moto”, sino de la contrapartida a los castigos. Por ejemplo, si llegamos a una clase y está sucia, llena de papeles, podemos echarles una bronca, llamarles la atención y hacer que la limpien pero, si llegamos y la clase está limpia, no hacemos nada. ¿No deberíamos felicitarles, decirles que tienen la “medalla a la clase más limpia” o cualquier otra cosa que les hiciera ver que nos damos cuenta de su buen hacer?

¿No debería haber una política de premios similar a la de castigos? ¿Acaso tenemos complejo de carceleros y disfrutamos castigándolos? Porque está claro que van a hacer cosas mal, si no nuestro trabajo no tendría sentido. ¿Por qué esa obsesión con las amonestaciones?

Que comience el C.I.O.


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Hay 86 comentarios

  1. sansi dijo:

    No me gusta la idea de premios-castigos, o no la entendí bien: ¿los derechos y los deberes se “pagan”? No es mi idea de Sociedad ni de Cultura.

    Tendré que leer otros comentarios…

  2. Gabbahead dijo:

    Estoy de acuerdo con lo que ha dicho, ya que es una pregunta que siempre me ha rondado la cabeza cuando iba al colegio o al instituto, ¿por qué se le da tanta importancia a la manera de castigar? Siempre he creido que se aportaría más a un colegio si se pusiera un real interés por mejorar las condiciones de las clases, contenidos de libros sin que pasaran por las lavanderías de historias, educación ante el público y las personas desconocidas, maneras de comportarse civilizadamente, etc… ¿ha alguien le han preparado (por poner un ejemplo) para enfrentarse a una entrevista de trabajo? todos deberíamos decir que si ya que debería ser algo obligatorio, pero resulta que a mi por ejemplo nunca me han preparado, y como yo habrá muchos que cuando llega ese día solo te pueden decir amigos o padres “ponte muy guapo que te vean bien”. Darle menos publicidad a los que se portan mal, porque si todos los profesores les hacen caso y dedican media clase a castigar eso solo servirá para que se sientan orgullosos de lo malos que son y todos los compañeros los mirarán como el/los tipo/s duro/s, el/los malote/s, etc… eso acarrea en la mayoría de las ocasiones a que lo vuelva a hacer. Si hay que controlar a los que se portan mal en clase que sea un poco en la “intimidad”, y que dejen a los que de verdad trabajan en paz, como ahora, pero que no les roben tiempo de su clase por culpa de los malotes. Yo a veces he sido malo en clase, y cuando todo el mundo me ignoraba había ya veces que pasaba de todo y solo me dormía sobre el pupitre. Me ha gustado su entrada Da-Beat. Pero no comparto lo de los premios, la gente es tan tremenda que se convertiría en una especie de “Operación Triunfo”, como con los castigos, a ver quien castiga más y mejor, pero al revés. Un saludo.

  3. sansi dijo:

    Muy silencioso está esto…

    Precisemos un poco más: hoy fue el primer día de clase después de las vacaciones y llegaron puntuales a primera hora un 25%. Hubo bronca para los retrasados, y ni me acordé de este C.I.O., pero estoy meditando soluciones (no busco premios o castigos aunque al final se entenderá así).

    Mañana (hoy) entraré tarde pero el viernes vuelvo a tener a primera hora con ellos: se admiten apuestas.

  4. Juanjo dijo:

    El tema me parece fantástico, realmente interesante, y posiblemente más complejo de lo que puede parecer a una mirada externa a la enseñanza.

    En mi experiencia como director, la que aporto en esta primera intervención, el profesorado reclama permanentemente, sanciones, sanciones y más sanciones… Pero, y es significativo, sólo para los alumnos. Demasiado a menudo (prácticamente siempre) olvidan la posibilidad de refuerzos positivos, como si confiaran de una manera intuitiva en que son los refuerzos negativos, los castigos de todo tipo, los únicos a los que el alumnado va a responder. El problema se complica muchas veces porque porque la dinámica de castigos y saniones parece no tener fin…

    …Que un alumno se “porta mal”…se le castiga.
    …Que “reincide”… se aumenta el castigo.
    …Que no “reincide”… cesa el castigo.

    Evidentemente, esto crea en el alumnado la imagen de una institución básicamente sancionadora, semi-carcelaria efectivamente, que se dedica a amaestrarlos, con muy poca diferencia entre la educación y el amaestramiento de animales.

    Suscribo lo que plantea Da-beat respecto a la “clase limpia” y s cierto que no podemos, debemos, esperar un comportamiento “natural” impecable. Pero, aporto otra cuestión: ¿No será que buena parte del profesorado no quiere educar, sino solamente enseñar datos sobre su materia? La dinámica del castigo continuo creo que parte de la base de que queremos tranquilidad para atiborrar de datos sobre nuestra materia, ésa que estudiamos en la Universidad. Muy poco profesorado ha caido en la cuenta de que los centros de enseñanza (colegios e institutos) no son universidades “en pequeñito”, y creen que se trata solamente de rebajar el nivel de contenidos. Educar es otra cosa, algo más.

    ¡Saludos!

    P.D.: Volveré con un caso concreto.

  5. da-beat dijo:

    Sansi, estoy de acuerdo en parte contigo. Tampoco me gusta mucho la idea “premio-castigo”, porque parece sinónimo de adiestrar, en vez de educar. Pero por otra parte, la considero necesaria. Los alumnos, por edad, no tienen la misma capacidad de razonamiento que un adulto. Exagerando para que se entienda: No puedes ponerte cara a cara con tu hijo de 1 año y decirle, con cara seria, que las monedas no se tragan porque podría atragantarse. No lo entendería.

    El problema con los alumnos, como en casi todo, son los extremos. Ni se puede solo educar “premiando-castigando”, ni se puede no hacerlo nunca. Dicho de otra forma, no se les puede tratar siempre ni como adultos ni como niños de 1 año. Habrá cosas que entiendan y cosas que no. Parece más bien problema nuestro, que no sabemos cuándo hacer una cosa y cuándo hacer otra. Da la impresión de que si dices que hay que premiar o castigar, lo tengas que hacer siempre.

    No era esa la intención de este CIO, sino más bien que, dado por hecho que los castigos existen (qué duda cabe), por qué no hay premios en contrapartida, hacerles saber que lo han hecho bien, igual que se lo hacemos saber cuando lo hacen mal. O eso, o suprimir los castigos. Creo que Juanjo lo ha explicado mejor en su comentario: “la imagen de una institución básicamente sancionadora”. ¿Cómo pretendemos así que los alumnos vengan contentos a clase?

  6. Fernando dijo:

    No sé cuántas veces he iniciado esta respuesta, porque no acabo de tener claro lo que querría escribir. Pero lo cierto es que el planteamiento de la enseñanza es totalmente punitivo, al menos la enseñanza formal (incluidad la universitaria, en la que más que castigos podríamos hablar de obstáculos, que todos conocemos, ¿verdad?). Y como no podemos “deformalizar” la enseñanza (o sí, pero con muuuucho cuidado, para no dejarse a nadie atrás…), algo habría que pensar…
    Creo que hay cosas que se pueden hacer. Frente al castigo, que muchas veces no es más que una forma de exteriorizar la imposibilidad de enfrentarse a la situación, de quitarse el problema de encima (como una explusión), habría que buiscar métodos más pedagógicos. Aunque no podamos razonar siempre como con adultos, podemos incluir el razonamiento, acompañado de una actitud, de una valoración. Reforzar no es exactamente un premio tipo Operación Triunfo, y sienta estupendamente: “Eso es, Juan”, “Perfecto, María”, “No es eso exactamente, pero no vas por mal camino, Antonio”. No sé… Dar la iniciativa a quien se esfuerza, dar responsabilidad que además redunde en su propio beneficio, tampoco es mal refuerzo. Y la confianza… Hay muchas formas de premiar que además son también buenos sustitutos del castigo… Y conllevan, muchas veces, las mismas partes de “a corto plazo” y de “largo plazo” que desearíamos…
    Seguiré leyendo, y volveré…
    ¡Un saludo!

  7. Ricardo L. Rodríguez dijo:

    Buenas tardes. Me llamo Ricardo, llevo 5 años como jefe de estudios de un Instituto de Enseñanaza Secundaria. He seguido el CIO desde sus comienzos y participado con gusto e interés de las sesiones anteriores. Me parece que hemos tenido una buena idea fundándolo. Ésta ve a ser mi primera intervención aquí, pero no la última.
    Acabo de llegar a mi casa del trabajo. He leído las opiniones de los/as claustrales de este cuarto claustro virtual. Especialmente, me han llamado la atención unas palabras de mi amigo Juan José:

    “En mi experiencia como director, la que aporto en esta primera intervención, el profesorado reclama permanentemente, sanciones, sanciones y más sanciones… Pero, y es significativo, sólo para los alumnos” (la negrita es mía)

    En mi realidad laboral veo las cosas de la siguiente manera (de esta visión alguien concluyó en otro lugar que fiscalizo el trabajo de mis compañeros/as docentes y que compadreo con los padres, madres y alumnos/as): esta mañana he llegado a mi centro a las 7:45 h. Le pedí a un profesor de guardia de la primera hora que atendiera a un grupo cuyo profesor se iba a ausentar por deberes inexcusables. El/la otro/a profesor/a de guardia no llegó hasta las 8:15 y pese a que yo estaba allí para ayudar en la primera hora a ambos/as compañeros/as de guardia, no me facilitó ninguna explicación de su retraso. Otros/as dos compañeros/as llegaron a las 8:13 h. y un/a tercer/a compañero/a llegó a las 8:14 h. mientras yo y el otro compañero de clase tratábamos de poner orden como podíamos en los pasillos porque había cuatro grupos sin profesor/a (1 porque el profesor se iba a ausentar; 3 porque el/la profesor/a llegó retrasado). Ninguno/a de los/as compañeros/as retrasados tuvo la deferencia de darnos explicación alguna. Por cierto, casi siempre son los/as mismos/as los/las que se retrasan. Algunos/as alumnos/as entraban con los/as profesores/as retrasados/as, por supuesto. Yo no sabía qué debía hacer, si decirles que no atendieran el mal ejemplo de aquellos/as docentes, si decirles que debían intentar llegar temprano; si decirles que no podemos pedirles lo que no les damos, etc. Algunos/as compañeros/as me piden medidas más severas para los retrasos a clase, pero jamás han DIALOGADO con un/a alumno/a.
    Alguna que otra hora después, una madre de un/a alumno/a, me ha visitado para decirme que se llevaba a su hijo/a del instituto porque ya no podía más con la falta de humanidad de ciertos/as compañeros/as docentes. La señora me decía que entendía que la humanidad no era un valor exigible a un/a docente, pero que su filosofía de la existencia no le permitía entender que un/a profesor/a de Enseñanaza Secundaria ejerciera su tarea al margen de esta cualidad. He perdido a un/a alumno/a por el/la que me he preocupado durante más de cuatro años (como por todos/as) y me siento muy triste y frustrado. ¿Qué premio, qué castigo para el alumnado? ¿Y cuál para nosotros los/las docentes?
    Lamento haberme desviado del tema (al que prometo volver en una nueva intervención ceñida al mismo) pero, siendo como es interesantísimo lo que nos plantea nuestro anfitrión, me preguntó, ¿no deberíamos empezar por mirarnos a nosotros mismos? Pido disculpas de nuevo por esta descarga afectiva y asumo, y hasta entiendo, que nuestro anfitrión considere de más este comentario y lo borre. Un abrazo.

  8. Júcaro dijo:

    Como padre de alumno entiendo que se dedique más tiempo a debatir sobre sanciones y castigos a los alumnos de mal comportamiento. Los que tienen buena conducta hacen lo que deben hacer y eso no es para premio, es una obligación.

    Me interesa lo que sugiere Juanjo en su comentario “el profesorado reclama permanentemente, sanciones, sanciones y más sanciones… Pero, y es significativo, sólo para los alumnos”.

    Él lo deja insinuado, así lo entiendo. Añado, igual me voy por las ramas, pero el profesorado incapaz de solventar situaciones de indisciplina es alguien que no está capacitado para ejercer la docencia. No se trata sólo de inculcar conocimiento, se trata también de educar. Como resulta imposible enseñar en un ambiente hostil, la tarea previa a cualquier acto de transmisión de conocimientos es crear el ambiente propicio para que el alumnado sea receptivo. Ello implica un comportamiento razonable para que la voz del enseñante llegue a los docentes y el encargado de crear esas condiciones es el profesional que entra en el aula.

    Seguro que hay casos graves de disciplina; el respeto a los otros alumnos, al profesorado y al acto educativo en sí mismo, requieren tomar medidas correctoras que favorezcan y posibiliten unas condiciones mínimas para el acto docente.

  9. Manuel dijo:

    Como soy de Dibujo, mi contribución al CIO va se con una imagen, una viñeta de Eneko , colaborador habitual de la publicación 20 minutos.
    Ha de entenderse metafóricamente . Aunque el autor refleje con ella una crítica al castigo físico, creo que su sentido es extrapolable al asunto que se trata aquí, de cómo el castigo se vuelve nuestro propio castigo. Efecto boomerang.

    Bofetada

  10. Ángel Encinas dijo:

    Curioso, curioso. Compruebo que no es sólo en mi Instituto donde algunos de los profesores más incumplidores son los tienen una opinión más negativa de los alumnos (“en mis tiempos no pasaba esto”” ¿os suena?), y son (eran) los más aficionados a la versión fácil del “fuera del aula”. En cuanto se ha exigido este curso que las expulsiones fueran acompañadas de un parte explicativo a la Jefatura de Estudios, han descendido notablemente. Todo un síntoma.
    Saludos a todos los claustrales.

  11. Ramón dijo:

    Es curioso cómo, una vez más, la escuela queda fuera del mundo. Ya hemos hablado muchas veces de la escasa sincronía de nuestros centros con el mundo real y de nuevo tenemos una prueba:

    Cuando es incuestionable (desde hace varias décadas) que el reconocimiento del trabajo bien hecho es la mayor fuerza motivadora (por encima incluso de las retribuciones salariales), toca el turno a la escuela para fomentar el “des-reconocimiento” y las opiniones anquilosadas del tipo “es su obligación, ¿cómo los vamos a premiar?” (esto último lo hemos oído todos/as en algún Claustro).

    Y no nos engañemos. La escuela es lo que fue, no cambia y sigue siendo un lugar de castigo donde el premio es no ser castigado. No existe el reconocimiento por parte de unos docentes que gritan como víctimas desesperadas aquello de “la sociedad no reconoce ni valora nuestra labor”. Bueno, se supone que lo tendríamos que hacer bien, ¿no? Al hilo de lo que planteaba Ricardo, aquí volvemos a ver cómo todo está relacionado: docentes que no reconocen el mérito de su alumnado y solamente castigan mientras se quejan amargamente de que a ellos nadie los valora. Yo, desde luego, no los valoro.

    Las empresas con organizaciones y directivos más brillantes tienen claro que el reconocimiento es clave para que el sistema funcione y sea competititvo. La escuela no. ¿Qué tienen en común la escuela y la empresa?

    Las dos son organizaciones donde se combinan elementos humanos, técnicos y financieros en busca un objetivo, sea éste lucrativo (empresas) o no (centros educativos). Aquellos empresarios que creen que sus trabajadores tienen que hacerlo bien y que encima les está haciendo un favor no llegan lejos. La escuela, de momento, tampoco.

    Receta: lamentablemente, individual. En el aula intento reconocer el trabajo bien hecho y (¡¡¡sorpresa!!!) también echo la regañina cuando no lo está. Es, creo, lo justo.

    Saludos y gracias de nuevo por darle un sentido esperanzador a la palabra Claustro.

  12. Pedro dijo:

    Llámense castigos, gritos, insultos directos o indirectos, llámense partes, expulsiones o simplemente suspensos, ¿Cuántas notas negativas puede recibir un alumn@ a lo largo de sus años en la escuela?

    ¿Qué podrá aprender entonces de un fracaso, de un error, de una equivocación?

    Yo, que también soy profesor de dibujo, y pienso en aquellos alumnos, por desgracia much@s que, aburrid@s de sus aparentes malos resultados dibujando, terminan por no intentar siquiera trazar una línea.

    ¿Corrige un castigo? ¿O sólo señala, etiqueta, separa?

    Y un enlace:
    http://ampalalatina.wordpress.com/2007/12/13/por-que-le-digo-no-a-los-castigos/

    Mis saludos al Claustro.

  13. Illaq dijo:

    Hola a todos. Preveo que me voy a enrollar, porque el tema de este CIO me resulta sencillamente apasionante. Pido disculpas de antemano y, también, como paso previo, indico que, aunque a veces parezca que dogmatizo, sé que todo está sujeto a revisión y discusión. Es decir, recalco que presento una opinión…
    Por lo que veo, ya han salido a relucir diversas perspectivas en torno a los “castigos”: Tengo la sensación de que el problema de los castigos no solo afecta la escuela, sino que atañe a toda la sociedad: se habla mucho de “libertades” (como si la libertad pudiera parcelarse), poco de “respeto” y, naturalmente, todo el tinglado tiende a convertirse en un tinglado penal, como “defensa pírrica” contra la falta de respeto. Sin embargo, los castigos que se aplican habitualmente son, desde un punto de vista técnico, ineficaces por definición. Mi “argumentación” se mueve en un terreno conductual (que no “conductista”: no representa ninguna “escuela de pensamiento”, sino datos derivados de la experimentación y no solo de laboratorio), por no entrar en disquisiciones más o menos teóricas de lo que se cuece dentro de los cráneos.
    De la experimentación psicológica se deduce que el “castigo”, herramienta dirigida a cortar conductas (si no, carece de sentido), debe ser inmediato con respecto al comportamiento “castigable” y suficientemente fuerte. Es obvio que los castigos “educativos” no suelen cumplir ninguna de estas dos notas. Al no ser inmediatos, se relacionan más con la persona que impone el castigo (como buen estímulo discriminativo) que con el comportamiento punible, con lo que no solo pierde eficacia, sino que se convierte en contraproducente, porque se carga de “emociones”… Lo mismo ocurre con los “castigos” laborales, por ejemplo, o con las sanciones penales (me pregunto cuándo se revisará el funcionamiento de los juzgados y de las salas de lo penal y del sistema penitenciario; creo que nos cuestan demasiado en relación con su eficacia).
    Por otra parte, también deducido de la investigación (con decenas de miles de experimentos, por cierto), se sabe desde hace muchos años (más de 50) que el mejor método para modificar comportamientos consiste en primar aquellos que son “buenos”. Como en el caso del castigo, el refuerzo debe ser inmediato, al menos al empezar a aplicarlo. Además, al principio, debe darse siempre que aparezca el comportamiento “premiable”, para ir espaciándose a medida que vaya surtiendo efecto (que lo surte, lo aseguro).
    ¿Por qué abundan más los castigos que los “premios”? Creo que hay varias razones de peso. La primera es que destacan mucho más los comportamientos indeseables que los deseables, además de que, en el caso escolar, por ejemplo, impiden u obstaculizan el normal desarrollo de la actividad. En consecuencia, es más fácil (y aparentemente más útil e inmediato) castigar el comportamiento indeseable. El grave inconveniente es que el castigo se traduce en un enfrentamiento personal, con lo que la atención se desplaza de los “hechos” a las “personas”, lastrando las relaciones interpersonales.
    Otra razón es la que apunta Júcaro, en mi opinión errónea: la conducta adecuada no es sino el cumplimiento de la “obligación”. Entra aquí en liza una cuestión axiológica que poco tiene que ver con el aspecto (absolutamente técnico) de la “gestión” del comportamiento. Por supuesto, habrá que hablar de obligaciones, de derechos, de libertad y de muchas cosas más, pero no hay que olvidar (ya se encargan de olvidarlo las leyes) que, al menos en situaciones educativas, nos enfrentamos con unas personas que necesitan medirse con sus “contrincantes”, que necesitan encontrarse con negativas, tanto como con aquiescencias, y el educador tiene que “gestionar” las situaciones (disculpen por el término, traducción un poco “horrible” del management inglés, pero que suele entenderse bastante bien), y esa actividad es técnica, aunque algunos (que de experimentación, 0), como Habermas, piensen que atañe a la “praxis”.
    Como no podía ser de otro modo, aparece de nuevo la figura del profesor que no cumple con sus obligaciones o que, a lo peor, ni siquiera sabe como cumplirlas. Quienes me hayan padecido por aquí, ya conocerán mi postura de apuntar con bala a la selección y la formación del profesorado. Para eso hace falta dinero, mucho dinero. Hablo de selección porque no todo el mundo sirve para educador y, por tanto, es imprescindible ese proceso (aunque los sindicatos se enfurezcan). Y hablo de formación porque, por ejemplo, es facilísimo establecer una pauta de “observación”, elemento previo a los premios y castigos, pero, para hacer eso tan fácil, hace falta entrenamiento y formación. De lo contrario, todo acaba en un mareo inútil.
    Por último, también hace falta dinero para “reforzar” a los reforzadores. El dinero (y sigo en terreno conductual) es un reforzador generalizado. Hay otros muchos, pero este afecta directamente a la calidad de vida. Por eso “refuerza” tanto. Aparte de la satisfacción personal que no la tiene todo el mundo), ¿cómo se puede empujar a los malos docentes a que mejoren, si, a fin de cuentas, a fin de mes es lo mismo? La retórica que declara que todos los “profesionales” son igualmente buenos es falsa y nefasta (aunque lo digan los sindicatos en cada negociación) y, en mi opinión, así nos luice el pelo…
    De nuevo, perdón por el exceso y un saludo a todos.

  14. da-beat dijo:

    Voy por partes.
    Primero: Manuel, arreglé tu comentario. El problema estaba (supongo) en que ponías la dirección de la página donde estaba la imagen, en vez de la dirección de la imagen (acabada en .jpg). Para obtener la dirección de una imagen, se pulsa con el botón derecho sobre ella y se va a “propiedades”.

    Segundo: El CIO. Han salido muchos temas interesantes, los castigos (o premios) a profesores, la relación escuela-mundo, la ineficacia de los castigos…
    Voy a responder a un par de cosas.

    Totalmente de acuerdo en que la mayoría de los castigos, tal como se ponen, no sirven, como indica Illaq, por no ser inmediatos. Además, coincido también con él en que lo único que consiguen es “minar” la relación profesor-alumno y que después se niegue a hacer lo que se le pide solo por ese enfrentamiento. Deberíamos recordar que están en la edad de “formación de su carácter”, es decir, están en la edad de “rebeldía”. Por otra parte, el castigo inmediato tampoco serviría de mucho si no hubiera tambien premios inmediatos ya que, con el tiempo, se acabaría en lo mismo: Solo se castiga.

    No estoy de acuerdo en que hacer las cosas bien sea su obligación. Es decir, sí es su obligación, pero eso no debe impedir que se lo reconozcamos (son cosas distintas y una cosa no quita la otra). Quizá habría que cambiar la palabra “premio” por “valoración positiva”, aunque creo que ya todos hemos entendido de qué va el CIO.

    Y por último, querría sacar un término nuevo, que sería la “valoración positiva de los fracasos”, y me explico. Hace poco tuve esta conversación con un alumno:
    – ¿Y si me sale mal?
    – Pues mejor.
    – O sea, ¿que es mejor hacerlo mal que bien?
    – Pues muchas veces sí, porque si lo haces bien la primera vez, puedes pensar que ya sabes hacerlo y equivocarte la segunda. Y esa segunda vez puede ser el día del examen. En cambio, si te equivocas la primera vez, buscarás tu error y, si aprendes de él, será un error que no volverás a tener.

    Ahora vamos con las sanciones y demás. ¿Realmente se busca “aprender de los errores”, o simplemente “castigar ” por algo que se hizo mal? ¿No debería ser lo primero? ¿No deberíamos tener visiones positivas de los comportamientos buenos (porque lo son) y de los malos (porque podemos aprender de ellos)? Parece que lo hacemos al revés: Los comportamientos malos tienen su castigo (por que lo son), pero no aprendemos nada de los buenos (porque es “su obligación”).

    Y, aplicándome el cuento, os agradezco a todos vuestra participación en este CIO, lo estáis haciendo GENIAL. Me está encantando.

  15. Manuel dijo:

    Gracias Da-beat por la correción. En mi primer intento copié la ruta de la imagen (JPG) y la pegué en el cuadro de la etiqueta “img” (nsertar una imagen), pero, como te dije, no salía en el comentario publicado, aunque sí en la previsualización. No sé. Será cuestión de experimentar hasta dar con la tecla.

  16. Manuel Sanz dijo:

    Naturalmente, hay que estimular al alumno que se esfuerza (palabra ya olvidada) de la forma que dice Fernando: “Perfecto María”, “No es eso exactamente, pero no vas por mal camino, ¡Animo!” etc…Esto, me parece que les da confianza y es el camino para que se “enrollen” con el trabajo. Yo, estoy en contra del castigo, he puesto muy pocos partes en mi vida de profesor, me encanta dialogar con los alumnos e intentar que vean que por ese camino no se llega a buen puerto, pero últimamente veo que hay algún que otro alumno que no soporta una clase, se aburre y no deja de incordiar a los compañeros. El profesor habla con el una, dos tres veces y no logra que tenga interés por el desarrollo de la clase. ¿Qué pasa con estos alumnos? ¿Los obligamos a permanecer en clase?. Piensen que el que está en clase es el profesor, un hombre que se preparó si acaso para ser profesor de historia, matemáticas o de dibujo, no para luchar con aquellos que no les importa un bledo lo que ocurre en clase ( de estos alumnos todos los hemos tenido ¿no?). Las estrategias ya no han de estar en enseñar mejor, ni siquiera en convencer a los alumnos que aprender les puede ser útil, sino en conseguir que un grupo de muchachos y muchachas esten en el aula sin molestarse entre sí demasiado, haciendo algo que les entretenga un poco, y haciendo juegos malabares para que algunos de ellos, consiga aprender algo.

  17. Covadonga dijo:

    Qué gran tema, aunque siempre lo son todos los relacionados con este apasionante mundo de la educación.
    Me pasa como a Fernando, que casi no sé por dónde comenzar; me sucede siempre que me apasiono con estas cosas y los pensamientos se me amontonan y se precipitan unos sobre otros impidiéndome poner orden.
    Vamos a ver, ya lo indicó claramente Juanjo y lo tenemos claro todos, profesores, alumnos, padres: el sistema educativo (especialmente en niveles obligatorios, con los alumnos/as de menor edad), es esencialmente punitivo, correctivo antes que preventivo, sancionador antes que educativo.
    Es un sistema de poder, sustentado por personas débiles las más de las veces, incapaces de mantener la calma ante las más leves perturbaciones del entorno, . Hay demasiadas normas, excesivamente retóricas, demasiados procedimientos sancionadores que nunca parecen lo bastante exigentes y que no contentan a quienes los aplican y a quienes los sufren y que, desde luego, se sustentan sin complejos en la dicotomía “bueno-malo” sin matices de ningún tipo.
    Un sistema simplista, injusto, que castiga a los más débiles y nunca a los más fuertes, anti-educativo por ello, incongruente pues para el ámbito en que se aplica, preparado para vencer y no para convencer, para “vengar la afrenta” , inspirado en el concepto de la culpa más que en el de la responsabilidad.
    Creo que en el mundo de la educación faltan enormes dosis de asertividad, en el más amplio y extenso sentido del término, de confianza en las potencialidades de cualquier ser humano (máxime cuando aún está formándose), de empatía y de alternativas a los rígidos patrones pedagógicos que no pueden satisfacer por igual a todos los modelos de alumno/a, a todas las posibles combinaciones de aptitud-actitud que nos encontramos.
    Olvidamos frecuentemente que se nos entregan personas inmaduras para que las ayudemos a madurar en su mejor proyección de futuro y por eso les exigimos que se comporten como si supieran hacerlo, cuando en realidad están con nosotros porque no saben.
    Se echa en falta de un modo sangrante el lado positivo del sistema disciplinario, pero no sólo ejercido a posteriori mediante premios, sino antes, mucho antes, desde el mismo jardín de infancia, cuando deberíamos enseñar a las personas a tener éxito, a desarrollar y mostrar lo mejor de sí mismas. Porque, desde mi punto de vista, aprender a fracasar es muy rápido y, una vez que se ha aprendido, ejercer de fracasado sin expectativas es fácil y cómodo: “Si no se espera nada de mí, no tengo que dar nada”. Un fracasado es una fuente segura de problemas, repite esquemas de comportamiento que le reportan su única opción de destacar en algo y amplía en espiral el tipo y la gravedad de las consecuencias negativas que ello le acarrea.
    En cambio, el aprendizaje del éxito es lento y doloroso, exige esfuerzo, requiere constantes apoyos y refuerzos positivos y desde luego auténticos planteamientos educativos: “a cada uno, lo que necesita; de cada uno, lo que puede” , se me ocurre que podríamos resumir.
    Nunca debería aplicarse un castigo que no sea educativo, es decir, que no ayude a la persona que se ha equivocado a comprender y rectificar aquello que ha hecho mal. Cuando un alumno/a comete una falta, se hace daño ante todo a sí mismo y por eso es necesario que el castigo le devuelva la dignidad perdida, lo ponga frente a alternativas posibles, le enseñe a evitar nuevos errores.
    Por otra parte, tal como apuntaba Da-beat, creo que es necesario reforzar los comportamientos positivos, agradecer aquello que está bien, porque no siempre es fácil para los alumnos “ser buenos” o hacer las cosas bien y, sobre todo, más que agradecer lo que hacen bien, estimularles a que lo hagan, antes de que nada suceda. Es un mensaje casi sin palabras, pero inequívoco: “Yo espero de ti lo mejor, puedes hacerlo”. Trabajar su autoestima, reforzar un autoconcepto positivo, implicarlos en un trabajo conjunto de crecimiento en valores y en autonomía.
    Y , por encima de todo, crear un ambiente de centro basado en la convivencia y la cooperación, con un sistema disciplinario justo, consensuado y asumido por todos y que, sin renunciar a lo legislado, contemple con humanidad y justicia las peculiaridades de cada caso. A esto contribuye de forma inestimable la creación de equipos de Mediación, en los que se implique claramente a los alumnos/as, dotándolos de la formación adecuada y haciéndolos partícipes de todo lo que sucede.
    No podemos esperar buenos comportamientos de alumnos que viven permanentes situaciones de tensión, que ven relaciones entre profesores que son una auténtica y desvergonzada falta de respeto (hemos visto ejemplos sangrantes en este foro), que continuamente son juzgados por personas que son incapaces de cumplir con la mínima dignidad sus obligaciones, que viven en centros sin un verdadero proyecto educativo.
    Hasta aquí seguro que todos estamos pensando en aquellos alumnos/as con comportamientos disruptivos de alta intensidad que, por desgracia, hay en todos los centros y que son objeto de nuestras preocupaciones.
    Pero, hablemos claro: ¿Qué decir de todos aquellos expedientes disciplinarios que nacen en comportamientos casi inocentes y que han sido escalados hasta el paroxismo por adultos incompetentes y que, muchas veces, no estaban haciendo lo que debían?
    Claro que debemos castigar, pero con el mismo amor con que premiamos, con la misma generosidad con que esperamos ser juzgados, con la inequívoca intención educativa que corresponde a una institución creada para formar mejores seres humanos.
    Mil perdones, me he excedido un rato.

  18. Juanjo dijo:

    Se llama Eloy, y está en 1º de ESO. El otro día me decía que su padre está en la cárcel con una condena de 26 años, por “una pelea”, que lo metieron en la cárcel cuando él era un bebé y que el año que viene podrá salir. Vive las sanciones, las expulsiones, las exclusiones, interiorizando una culpa absolutamente paralizante, y esos castigos, en su caso (extremo) y en muchísimos otros, NO SON EDUCATIVOS. ¿Educa castigar excluyendo de las clases, de los institutos y colegios? Empiezo a estar hasta las narices de que se expluse para educar. Algo escribí hce tiempo sobre esta práctica hipócrita. Los sancionamos para estar más cómodos, porque es absurdo pensar que se van a socializar a base de excluirlos de la sociedad que todo centro educativo es. Coincido con Covadonga en lo absurdo de castigos que no sean educativos.

    Y coincido con Illaq (también lo dice Manuel Sanz) en nuestra falta de formación, pero, en mi experiencia, debemos hacer todo lo posible por no enseñarlos a temer sanciones, sino a amar, por sí mismo el comportamiento adecuado, correcto, que no tiene porqué ser el que le dicen todos sus profesores. No somos árbitros que enseñamos tarjetas para que dejen de jugar el partido o no hagan más faltas. Somos, si se quiere, sus entrenadores, pero sólo si “jugamos” a la vez valoraremos el partido. Un árbitro no disfruta del juego.

    …Y no sé si digo todo lo que quiero. Seguro que vuelvo. Cierto es, Da-Beat, que está saliendo fantástico este CIO.

    ¡Saludos!

  19. Júcaro dijo:

    ¿Me permiten una de padres, niños y maestros?

  20. Yolanda Juarros Barcenilla dijo:

    Por lo único que yo encuentro útiles los castigos es porque siempre te dan la oportunidad de hablar, de negociar, de llegar a acuerdos, de encontrar mil soluciones alternativas que no humillen a ninguna de las dos partes. “Ninguna agresión sin respuesta”, por descontado, pero no desde la represión.

    Este curso para mí no es ordinario, es singular. A pesar de no tener ninguna fe en que este tipo de agrupamientos tenga que existir he asumido ser una de las tres personas tutoras de un curso de compensatoria singular en un IES de Vallekas.

    Para quienes no sepáis qué es esto de los grupos singulares os diré que de 13 grupos que hay en el primer ciclo de la ESO han elegido a 7 alumnos/os que forman este grupo. Hay muy pocas cosas que funcionan de forma ordinaria en nuestra clase pero sin lugar a dudas la que de verdad NO funciona es el castigo. Es muy curioso pero creo que a partir de octubre la amenaza del castigo desapareció de la mente de las tres personas tutoras prácticamente sin habérnoslo propuesto. En diciembre alguno de los chicos, que empezó sin saber las tablas de multiplicar, ahora divide por decimales (claro que, no todos los días) … y además tenemos jardín con flores, y pintamos Mandalas, y leemos el periódico del metro y hacemos pulseras y tenemos una página que nos encantaría que visitaseis y que llenaseis de comentarios porque se nos está quedando un poquito “atravesada”; la profe de lengua, una tal Yolanda, no deja usar lenguaje SMS y así no mola nada escribir.

    Tras las Navidades se fueron 2 chicos y han venido 3 nuevos así que, otra vez septiembre
    http://www.nodo50.org/yolandajb

  21. Montse dijo:

    Buenos días a todas/os, hace una mañana de sábado preciosa y me encanta poder participar tranquilamente en un claustro en el que se puede debatir, opinar en contra, salirse del tema… y todo eso sin que nadie sople, ponga mala cara, cuchiche, etc. Por algo calificamos este claustro como IDEAL, ¿no?

    Bueno, al grano, hay mucho que hablar sobre el tema que nos ha propuesto Da-Beat -interesantísimo y con mucha miga- y también hay que tener en cuenta que las circunstancias personales que en un momento dado estés viviendo van a condicionar tu opinión al respecto. De ahí, que todo lo que se defiende debe ser entendido en un contexto concreto y en una circunstancia determinada (¿estaré defendiendo la ética de situación?, ¿defender esa ética es compatible con defender la universalidad?, no sé, estoy echa un lío).

    Yo creo que hay que tener pocas normas, muy claras y, por supuesto cumplirlas. Creo que a ciertas edades los castigos y los premios son necesarios. Ahora bien, los castigos no tienen que tener como fin la humillación del castigado ni el abuso de poder del que castiga. Del mismo modo que los premios no tienen que ser exclusivamente materiales (en el caso de la escuela, la nota).

    También creo que es imprescindible dar ejemplo y mostrar coherencia. Como he dicho muchas veces no podemos tener una mano larga y otra corta. No nos puede parecer gravísimo que los alumnos y alumnas hablen en clase si luego nosotros nos pasamos todas las reuniones riendo, jugando y cuchicheando. Lo mismo con los móviles, con llegar puntuales, con entregar las cosas en tiempo y forma, etc.

    Por otra parte, creo que es imprescindible, a estas edades, el refuerzo positivo, a veces un alumno o alumna suspende pero le resulta tremendamente gratificante decirle “no te preocupes, lo importante no es cómo se empieza sino cómo se acaba. Estoy segura de que puedes superar la materia” (esto en bachillerato) y si hablamos de la ESO, me parece que debería garantizar (y que luego fuera verdad) que aquella alumna o aquel alumno que se esfuerce, trabaje y sea responsable va a aprobar seguro. A lo mejor si a cada uno le pidiéramos en consonancia con sus posibilidades la cosa cambiaría.

    Finalmente, y dadas las circunstancias que estamos viviendo en los últimos tiempos, lo que tampoco se puede permitir es que un equipo directivo haga lo que le dé la gana, se pase el RII por el forro y no cumpla la normativa vigente. Las normas deben estar claras, consesuadas entre todas/os, asumidas por todas/os y ser cumplidas por todas/os. Si no lo que se transmite es arbitrariedad. Luego hay casos particulares, como el caso del que habla Juanjo y el caso del que habla Yolajb. Pero estos casos particulares deben ser casos en los que los primeros que tienen que estar implicados hasta las trancas son los miembros del equipo directivo. Lo que no se puede hacer es fabricar esos grupos de compesatoria difíciles, dejárselos al último o la última que llegue y encima no tener apoyo del equipo directivo. Es verdad que hay equipos directivos de todo tipo, y profesores y profesoras de todo tipo. Pero el equipo directivo es el que más responsabilidad tiene en cumplir y hacer cumplir las normas. Trasmite un estilo al centro y eso se contagia.

    En fin, que creo que estoy demasiado indignada por ciertas experiencias personales vividas y eso no me hace pensar con claridad. Creo que más allá de castigos y premios hay que tener claro que nuestro objetivo es conseguir que nuestros alumnos mejoren, progresen y en lo académico, en lo personal y en lo moral. Y que por encima de todo son personas y como tales hay que tratarlos y eso no significa que no se les exija trabajar, esforzarse y comportarse como personas.

    Un saludo, Montse

  22. da-beat dijo:

    Hola, Monste.

    Yo no estoy totalmente de acuerdo en que se debería garantizar (y que luego fuera verdad) que aquella alumna o aquel alumno que se esfuerce, trabaje y sea responsable va a aprobar seguro. Creo que volvemos al problema de los estados binarios. No podemos pretender enseñar sólo matemáticas, y no educar en valores, pero tampoco podemos pretender educar sólo en valores y no enseñar matemáticas.

    Lo digo porque, en mi corta experiencia, ya me he encontrado varios casos de alumnos que se portan bien, que estudian, pero luego no tienen “notas” en consonancia con su actitud. Es decir, que tienen buen comportamiento, pero pocos conocimientos. Totalmente de acuerdo en que a estos alumos se les tiene que apoyar, pero no estoy seguro que aprobarlos sea un buen método.

    Igualmente, he tenido alumnos en 4º de E.S.O. que se portan bien, pero tienen un nivel académico de 1º-2º de E.S.O.. Y no son ACNEEs, lo que ocurre es que, tanto en 2º como en 3º, les han aprobado por su actitud y trabajo, aunque no tenían los conocimientos necesarios. ¿Debería yo hacer lo mismo en 4º, y decirles a unos chicos de 16 años que tienen el graduado escolar y que pueden enfrentarse al mundo, cuando no tienen ni idea de lo que es un tanto por ciento?

    Los extremos son peligrosos, tanto uno como el otro. No se trata de enseñar o educar, se trata de enseñar y educar.

    Saludos.

  23. Montse dijo:

    Da-beat, sinceramente me resulta casi imposible que una alumna o un alumno se porte bien, TRABAJE, se esfuerce, haga los deberes, pregunte las dudas, repita los deberes que no ha sabido hacer, etc… y luego no apruebe. Ahí falla algo, si eso se produce. No estoy diciendo regalar los títulos, sino exigir los mínimos a quien no puede más. Y los mínimos es lo mínimo para deselvolverse en la sociedad como padres y madres con normalidad.

    Por otra parte, si se le explica una y otra vez cómo aplicar los porcentajes, se ponen ejercicios, se corrigen todos, etc, ¿tú crees que finalmente no van a saber hacerlos? A ver si es que explicamos sólo para unos pocos y corregimos sólo un ejercicio de muestra. Por otra parte, ¿cuántos compañeros/as licenciados/as tienen dificultades para aplicar los porcentajes? (alguno/a he visto, ¡eh!) y son licenciados/as.

    Si no, después de trabajar y trabajar y trabajar y esforzarse, si finalmente no se garantiza el aprobado para qué trabajar. Dile tú a una alumna o a un alumno que lleva desde los 3 años en la escuela que sí, que trabaja mucho, que es muy bueno, que siempre hace los deberes, que se esfuerza, pero que no aprueba. ¿De qué le sirve? No decías tú que son necesarios los refuerzos. Los refuerzos no pueden quedarse en dorar la píldora sino que tienen que ser algo real. Insisto, siempre que trabaje y TRABAJAR significa TRABAJAR. Estoy hablado de la enseñanza obligatoria, conste. Si no, lo de los refuerzos me parece un engaño, sinceramente.

    Más saludos, Montse

  24. da-beat dijo:

    Por supuesto que hay refuerzos, pero creo que los orientamos de forma distinta. Yo considero más importante “aprender” que “aprobar”. Escribí el comentario pensando casí exclusivamente en dos alumnas que tuve hace cuatro años en 4º de E.S.O. Prácticamente eran las únicas de la clase que estaban en 4º sin haber repetido ningún curso, pero tenían, como dije, un nivel de 1º-2º. Claro, tampoco cumplían todos tus requisitos, a saber: se porte bien sí lo hacían, TRABAJE también, se esfuerce sí, haga los deberes lo intentaban, pero no podían, pregunte las dudas no podían, porque no sabían qué preguntar, repita los deberes que no ha sabido hacer imposible, etc…

    Hablo de dos alumnas que no sabían sumar fracciones y yo les estaba hablando de la ecuación de una elipse. Era imposible. Mi refuerzo fue ponerles ejercicios de números enteros, fracciones, ecuaciones de primer grado… es decir, ejercicios de 2º de E.S.O., incluso quedando algunas tardes en el instituto para explicarles algunas cosas. Del “temario” de 4º me olvidé por completo con ellas. Repito que no eran ACNEEs, eran alumnas con una laguna de un curso, pero que podrían haber sacado el graduado sin problemas. En mi opinión, no les hicieron ningún favor aprobándolas en 3º. Si repiten 3º, podrían haber pasado a 4º sin problemas y sacar 4º. Habrían suspendido un curso, pero habrían aprendido lo que necesitaban.

    Por supuesto, si el profesor que les dio en 3º hubiera estado más pendiente de ellas (lo desconozco, igual lo hizo), no estarían así en 4º. Yo hablo de lo que me encontré. Por cierto, aunque esto puede “abrir” demasiado este Claustro, tendríamos que hablar también de la Orientación, tanto a alumnos como a padres. Ya no estoy en ese instituto, pero sigo informándome, y he sabido que una de ellas estaba el año pasado (3 años después de que yo le diera en 4º) en 1º de Bachillerato. Una de dos, o se repite 3º pero se pasa con una base aceptable o vas a repetir en Bachillerato. Es el viejo cuento de los cimientos de una casa. O eso o no se hace Bachillerato, que hay otras opciones igual de válidas. No sé, pero sigo apenado por esas dos alumnas.

    Montse, un par de apuntes sobre tu comentario, espero que no te parezcan mal, es sólo que me sorprende que lo digas tú:
    los mínimos es lo mínimo para deselvolverse en la sociedad como padres y madres con normalidad ¿Acaso el objetivo es ser padres o madres? ¿Y si no tienen hijos? ¿Y si no se casan? ¿Cuáles serían entonces los mínimos?
    Por otra parte, ¿cuántos compañeros/as licenciados/as tienen dificultades para aplicar los porcentajes? (alguno/a he visto, ¡eh!) y son licenciados/as. Yo también he visto muchos. Precisamente de eso va este blog. Pero no creo que sea excusa para aceptarlo. ¿Cuántas personas de, digamos, 50 años comprenden lo que leen? ¿Es eso excusa para aceptar que los jóvenes no lo hagan? Se supone que tenemos que mejorar. De no ser así, seguiríamos siendo analfabetos (hubo un tiempo en que la mayoría lo era).

    Un saludo.

  25. Yolanda Juarros Barcenilla dijo:

    “La imaginación es más importante que el conocimiento” decía Albert Einstein.

    Probablemente, Da-beat, vas a decir que tampoco tienen imaginación. Nos hemos pasado la mayor parte de su vida escolar enseñándole conocimientos (que no ha conseguido asimilar) y habremos descuidado las otras habilidades.

    Si en el examen te pidiera usar la calculadora del móvil … Eso es tener imaginación … ¿serviría? ¿Le serviría con sólo tener imaginación para desarrollar una vida adulta, profesional y personal, satisfactoria? ¿Imaginación más cuántos contenidos mínimos? Si tiene imaginación sabrá que algún día tendrá que buscar empleo y competir en un mercado laboral nada amigable. Pero … ¿de qué estoy hablando? Yo creo que eso no se les pasa por la imaginación en 4º de la ESO. Eso sucede bastante más tarde, no sabría precisar cuándo exactamente.

    Pero esto iba por lo del castigo ¿no?, ya me he desviado otra vez. Mil sorris.

  26. da-beat dijo:

    Nunca he dicho que no tengan imaginación, aunque sí es cierto que esta no se trabaja lo suficiente. Evidentemente, solo imaginación no sirve. Solo conocimientos tampoco. Otra vez los estados binarios.

    Yo no defiendo la educación de conocimientos exclusivamente, pero creo que son necesarios, y en el Mundo Actual (así, con mayúsculas, sea eso lo que sea) mucho más. Digamos que son las herramientas que necesitas cuando tu imaginación sale a flote. Es más, creo que en muchas ocasiones son los propios conocimientos los que sacan a flote la imaginación. Como he dicho muchas veces, aprender a resolver una ecuación de segundo grado no es útil para saber resolver una ecuación de segundo grado, sino por los razonamientos que se hacen, la forma de ordenar las ideas, la visión de algo que no está (incógnita)… la imaginación al fin y al cabo.

    Pocas veces he utilizado los conocimientos de la Facultad de Físicas por sí mismos, pero muchas veces, leyendo un periódico o viendo la tele, veo cosas que los demás no ven y eso lo aprendí allí, es la forma en que tengo colocada mi cabeza. No me refiero a los posts de NoSoloMates, sino a las Crónicas del Planeta Mundo, en las que no había números pero, como me decía Ángel, se nota la mirada matemática. Es la forma de enlazar dos noticias que aparentemente no tienen nada en común, la manera de darle vueltas a las cosas, pensarlas y obtener otra distinta. Todo eso lo aprendí mientras estudiaba los estados cuánticos de la materia y las ecuaciones con derivadas parciales.

    Las cosas son más complicadas de lo que parecen, los conocimientos no son sólo conocimientos. Esto no impide trabajar también la imaginación por sí misma, mediante los juegos de lógica de los que ya hemos hablado, la lectura de libros, o cualquier trabajo en el que les des “libertad de acción”.

    Yolanda, todos nos hemos desviado, pero es que todo forma parte de lo mismo, ¿no es así?

  27. Montse dijo:

    Da-beat, por supuesto que hay alumnas y alumnos a los que les viene bien repetir, nunca he dicho lo contrario. No obstante, si repetir consiste en pasar otro año haciendo lo mismo, sintiendo la misma frustración y sin enterarse de nada, ¿entonces qué estamos haciendo?

    Por otra parte, nos tenemos que plantear si “la ecuación de una elipse” o “el imperativo categórico de kant” o “los recursos estilísticos” son conocimientos que todas/os las/os alumnas/as tienen que saber, si son conocimientos que todas/os las/os alumnas/os están en condiciones de aprender y/o si todas/os las/os alumnas/os.

    Además, creo que debemos empezar a no comparar a las/os alumnas/os con lo que nosotras/os hemos hecho, hemos sido o hemos estudiado. Si hacemos esto nos estamos dejando fuera a muchas/os alumnas/os porque nosotras/os no somos precisamente un modelo de generalidad. Desde que soy profesora me he dado cuenta de que hay muchas/os chicas/os que en la escuela lo único que aprenden es a sufrir, a sentirse inferiores y a creer que no sirven para nada. Y si eso es lo que les enseña la escuela (cuando hablo de escuela me refiero a educación obligatoria y gratuita) entonces mejor sería acabar con todas las escuelas.

    Con todo lo anterior, no quiero decir que el conocimiento no sea importante, que lo es, o al menos a mí me lo parece; que el conocimiento no sea apasionante, que lo es, o al menos a mí me lo parece; que no haya que exigir esfuerzo y trabajo a las/os alumnas/os, que haya que regalar los títulos no nada por el estilo. Como tú bien dices, no nos instalemos en estados binarios, ni para una cosa ni para otra.

    Más saludos, Montse.

  28. Juan A. Pérez dijo:

    (Parte I)
    Muy interesantes las diferentes aportaciones. Tema difícil y complejo.

    A veces, se me olvida que la educación también es coacción y no sólo en la educación obligatoria. La diferencia fundamental entre la pura coacción y la educación consiste en que ésta última introduce un plus, añade, suma, lega o transmite conocimientos, valores, actitudes o límites. La educación debe proporcionar al educando recursos para sublimar la implícita coacción y facilitarle una adaptación óptima a su entorno social.

    En los campos de la educación social los sistemas reglamentarios, normativos, sancionadores y de castigo son mucho más acentuados, determinantes y significativos que en la educación formal por los efectos que tienen sobre la vida de las personas. Sugiero que se me lea en clave de la educación social y no de la educación formal a pesar de las similitudes y cosas comunes entre ambas.

    Las normas y castigos obedecen a múltiples causas o finalidades en función del profesional de turno o de la dinámica de cada centro. Muchas veces, la rigidez normativa y el ansia castigador obedece simplemente a la incapacidad de los profesionales: cuanta menor preparación o mayor inseguridad mayor rigidez y autoritarismo; cuanta mayor preparación y seguridad menor autoritarismo y rigidez.
    A veces, el castigo simplemente tiene como fin servir al placer propio de todo censor o torturador: es un tipo de perversión más común de lo que se suele creer. Hay centros donde la rigidez normativa y los castigos obedecen a modelos de puro control y de “contención” de ciertos conflictos. Hay centros que cuando tienen escasez de educandos bajan los mínimos aceptables de transgresión, mientras que otros, con una gran demanda de plazas aumentan el listón de exigencias hasta el absurdo más esperpéntico.

    Recordemos aquel centro de menores (privado) que encerraba a los chavales en jaulas para jabalíes para re-educarlos.

    El educador o docente entre otras cuestiones (educar, enseñar, instruir…), también y especialmente, debe marcar los límites de lo posible. Se debe señalar con claridad, con asertividad, con proporcionalidad y con coherencia lo que se permite y lo que no es permitido. El uso del castigo sistemático para mí no es admisible en la educación: es un último recurso cuando ya no se sabe que hacer o no se consigue nada por otros medios. A veces, son imprescindibles ante situaciones límite donde se debe proteger a educandos y educadores de comportamientos negligentes, peligrosos o que atenten contra la dignidad o derechos de alguien. Como principio general, creo que los educandos deben ir asumiendo responsabilidades, especialmente respecto a su propio comportamiento. Toda elección tiene efectos, elegir significa ganar unas cosas y perder otras, en este contexto el educador debe señalar las consecuencias de las transgresiones: no como castigo sino como efecto de las propias elecciones y comportamientos. Creo que es importante señalar dos tipos de autoridad: la autoridad deontológica y la autoridad epistemológica. La primera, es la de quien manda (general-soldado, jefe-empleado, padre-hijo, profesor-alumno…). La segunda, se refiere a la autoridad de quien sabe (por su cualificación y preparación) sobre una materia o ámbito determinado. En la práctica educativa se dan los dos tipos de autoridad aunque normalmente no se caiga en la cuenta. Los educadores y docentes (con menores) tienen entre sus funciones las de guardia, custodia o tutela lo que implica una autoridad deontológica que nada tiene que ver con la autoridad de quien sabe (en lengua, mates o tecnología electrónica). En este sentido, las sanciones obedecen a la Ley y el orden social. Nada que ver con la educación como transmisora de saber o valores.

    Como me he extendido más de la cuenta el editor no me permite la publicación completa, así que mis comentarios los divido en dos partes.

  29. Juan A. Pérez dijo:

    (Parte II)

    Por otra parte, demasiadas veces se suele confundir sujeto social y sujeto moral. El sujeto social esta bajo la coacción (leyes, normas, reglamentos) pero el sujeto moral es libre, es decir, responsable (quiérase o no). Tampoco debemos pensar que “todo” es educable, hay situaciones límite que nos plantean una “educación imposible” donde cualquier respuesta que se de caerá fuera del ámbito de la educación. Sabemos que todo grupo humano crea sus propios “cabezas de turco”, sus chivos expiatorios a los que atosigar y castigar. Por eso los “profesionales” de la educación deben tener los recursos suficientes (preparación) para no ejercer de inquisidores ni de lo moral ni del comportamiento. Es el propio profesional quien tiene que crear las barreras adecuadas para limitar su poder.

    Sin normas no hay convivencia pero como decía, Napoleón: hay tantas leyes que nadie está seguro de no ser colgado. Tienen que haber normas pero tienen que ser sobre mínimos indispensables. Por ejemplo, la integridad física, psicológica o moral de un educando o un educador son incuestionables. Cuando se vulneran estos derechos básicos la sanción tiene que ser escrupulosamente observada para quien proceda: educador o educando. No puede haber más que un sólo rasero para medir. En este sentido creo que hay que plantearse seriamente la idea de contrato pedagógico donde las partes (padres, educadores y alumnos) pacten libremente los límites y condiciones de las actividades educativas. Contrato educativo donde las partes asuman sus responsabilidades y las consecuencias de su incumplimiento formalmente y por escrito.

    Expulsar a un educando por absentista no es de recibo, pero que la directora de un centro falsifique firmas de absentistas para seguir recibiendo subvenciones es de juzgado de guardia. Quiero decir que si las normas sólo se aplican sobre los más débiles, los que menos poder tienen, entonces, no estamos hablamos de educación sino de autoritarismo o más. El absentismo laboral del profesorado es mucho más injustificable y dañino que el de los alumnos pero no suele pasar nada, al menos entre funcionarios, ya que la empresa privada es otro cantar…Castigar y sancionar a los educandos cuando hay muchos profesionales que cometen faltas e incluso delitos sin ser sancionados por ello no sólo no es educativo, sino que se me aparece como un crimen.

    Creo que demasiadas veces confundimos el discurso moral con el legal. Los delitos, propiamente dichos, en espacios educativos o no deben ser sancionados. Los educadores deben señalar límites pero quien sanciona no es el educador es el funcionario o la parte profesional que encarna al poder, a la autoridad deontológica.

    Las sanciones deben ser proporcionales a la falta e inmediatas pero no se deben mezclar ni en el tiempo ni en el espacio la transmisión educativa con la gestión de las sanciones: Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”

    Ya veis como me he ido enrollando y enlazando ideas sin aparente relación. Aquí me viene a la mente aquello del significado denotativo y connotativo…

    Un saludo para todos.

  30. Juanjo dijo:

    Juan A. Pérez: mil gracias por decir las verdades del barquero. No se me han pasado por alto ni una de tus comillas, tan sutiles. Dignos de un post tus dos comentarios. Genial. Otra vez gracias.

    Da-beat, Montse: me parece, y me perdonáis si me equivoco, que estáis deacuerdo desde el principio. Lo digo después de leer varias veces vuestros comentarios.

  31. Pedro dijo:

    Buenos días (¡precioso domingo, y yo de claustro “ideal”!) 🙂

    Juan A., Da-bear, Montse, Juanjo y demás asistentes:

    ¡Vaya, es un tema complejo y estáis subiendo tanto el nivel que, será por ser domingo o quizás más por mis carencias, pero me cuesta seguiros…!

    Quizás tenga que ver esto con los recursos (preparación) que menciona Juan A. Pérez, o mejor, con la falta de recursos que es general, creo, a la mayoría del profesorado, y que sólo suple la autoformación, la experiencia de años, compartir nuestros esfuerzoz con los/as compañeros/as y las infusiones relajantes. 🙂

    Hablamos de castigos y premios, y de “la valoración positiva de los fracasos” y miro en mi temario de oposiciones, por el que accedí a mi plaza, y no encuentro nada de eso. En mis apuntes del CAP, algunas generalidades, conductismo, Saussure,… Algunos libros en mi estantería (“la disciplina en el aula“, etc), algunos apuntes de un curso sobre “convivencia”…

    Como a otros cuarentones, mi experiencia de alumno no me sirve. La sociedad y la educación eran distintos. Los “recursos” del profesorado también. Y luego, mi experiencia docente de años ha sido variable, sometida a cambios de leyes, de centros, de alumnado, de cargo,… hasta de Comunidad Autónoma,… 🙂

    Educar para tiempos de cambios… educar para cada caso… con normas generales… educar para la igualdad en centros desiguales… impartir premios y castigos… valorar el fracaso como parte del éxito… educar en lo social y en lo formativo… qué difícil me parece todo esto un domingo por la mañana…

    Alguno/a contaba (+ o -) en tiempos de reformas: cuando una empresa cambia sus condiciones de trabajo (p.ej.: de Teléfonos analógicos a digitales ) debe formar antes a su personal en las nuevas condiciones.

    Aquí cambiaron enormemente las condiciones sociales, pero dejamos al “darwinismo educativo” la adaptación a las mismas. Y así nos va,… la educación se nos puebla de extinciones, minorías, dinosaurios, digievoluciones, predicadores, pirámides invertidas, tonos, politonos y barcos como animales acuáticos…

    No me hagan mucho caso, que ya me desvié del tema.

    Y para disculparme, unos citas famosas (o no) sobre el tema:

    “El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse.” Winston Churchill

    “Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.” Charles Dickens

    “Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir.” Theodore Roosevelt

    “Nuestra mayor gloria no está en no haber caído nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos.” Oliver Goldsmith

    “El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano.” John Fitzgerald Kennedy

    “Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito.” Thomas Alva Edison

    “Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar.” Paulo Coelho

    “Cada fracaso nos hace más listos” Proverbio chino

    “Cuando el carro se ha roto, muchos os dirán por dónde no se debía pasar.” Proverbio turco

    “El fracaso no existe. simplemente existen diferentes resultados”. Sigmund Freud

    “Nuestros fracasos son a veces más fructíferos que los éxitos”. Henry Ford

    “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.” Pitágoras de Samos

    “Los niños necesitan más de modelos que de críticos.” Petrus Jacobus Joubert

  32. Montse dijo:

    Juanjo, claro que creo que Da-beat y yo estamos de acuerdo en el fondo. Pero quería hacer algunas puntualizaciones. Creo que debemos plantearnos muy en serio qué deben, pueden y tienen que saber aquellos/as alumnas/os de los que estábamos hablando. Además, creo que no debemos comparalas/os con nosotras/os.

    Como es un claustro ideal en el que se pueden mostrar pareceres distintos y no por eso se toman como ataques personales… pues lo hago, ya que en le mío no puedo.

    Saludos y feliz domingo, Montse

    PD: Pedro, este claustro es ideal y genial pero las playas de Gran Canaria…. ummmm

  33. da-beat dijo:

    Ya lo dije en el post, pero lo transcribo aquí:
    Es por tanto un claustro en el que los participantes dicen cosas coherentes, razonadas y con afán de aprender unos de otros. De ahí que sea ideal. Eso significa que está abierto al debate y a los puntos de vista opuestos, pero ese debate se hará de forma civilizada.

    Claro que Monste y yo estamos de acuerdo en el fondo. Diferimos en el punto de vista con que lo enfocamos. Y eso no me parece bueno, sino buenísimo. Igual que “un fracaso nos enseña algo que necesitábamos aprender”, los puntos de vista diferentes amplian nuestro propio punto de vista. Si todos pensáramos lo mismo de la misma forma, este Claustro no sería “ideal”, sino una especie de muro de las lamentaciones, donde nos consolamos unos a otros. Y no estamos aquí para consolarnos (que también), sino para aprender unos de otros. Al menos ese es mi objetivo. Como ha dicho Pedro, yo aprendo más aquí que con los temarios de las oposiciones.

    De nuevo muchas gracias a todos por vuestras magníficas aportaciones al CIO, y a Pedro por su estupenda colección de citas, diferentes pero iguales. Añado una de (como no) Laura Pausini:

    “…Equivocarse nunca importa,
    vuelvelo a intentar.
    Si una puerta se te cierra,
    otra puerta se abrirá.
    Lo que en realidad importa
    es no renunciar jamás,
    pues tal vez estés a un solo paso…”

  34. sisan dijo:

    No quisiera que mi mensaje fuese el último pero sospecho que no queda mucho más que leer sobre este tema.

    No me ha gustado el CIO, no sé si por la “propaganda” (lo normal en un blog, casi todos quieren “enlazarse”) o por las extensas intervenciones (¿por qué piden perdón si ya saben que se están pasando con la cantidad de texto? Mejor no oírlos en directo). Mucho escrito sobre Educación que es nuestro trabajo (o de la mayoría de participantes), y poco sobre Sociedad y Cultura (nuestro objetivo como maestros).

    El viernes todos fueron puntuales a primera hora: sabían que había un examen fácil en los cinco primeros minutos. El próximo martes habrá otro, esta vez sin avisar (no espero que me reconozcan en este espacio). Lo que hago, ¿son premios o castigos?

  35. Andriu dijo:

    Hola a todos,

    Llevo más de una hora leyendo lo hasta ahora transcurrido de sesión de este cuarto Claustro Ideal Oficial. Eso me pasa por no haberme pasado antes por aquí.

    Me merezco un castigo por haber estado remoloneando hasta entonces.

    Y un premio por haberme propuesto leerles y no irme a la cama antes de haber intervenido.

    Estoy asombrado del éxito que está teniendo el tema, sin lugar a dudas atinadísimo y sugerente: ¡Felicidades Da-beat! Asimismo, quedo deslumbrado por la calidad de los comentarios e intervenciones.

    Lamento haberlos leído de corrido, sin un papel y un boli en el que ir anotando -como diría Niña Pastori- esas “joyas prestadas” que han ido quedando como nota a pie de página a este post.

    Tengo la impresión, no obstante, de que ha calado en mí gran parte de lo que he leído. Particularmente, aquello que más ha enfatizado Da-beat al comienzo: la importancia del refuerzo positivo o premios.

    En mi intervención tan sólo voy a ofrecer corolarios.

    Y ello para ilustrar mi postura general sobre el tema, en la que coincido con muchos de ustedes: a) Los premios son una excelente estrategia educativa (aparte de una respuesta moral acertada) de la que demasiado a menudo nos olvidamos; b) Los castigos son esenciales en la educación, pero deben ser educativos.

    Empezaré por los castigos (b).

    Soy un firme partidario de ellos. Los piden los profesores. Los piden (algunos) padres. Los pide el resto de alumnos. Y los piden, también, los propios alumnos. Y para colmo, funcionan.

    Eso sí: hablo de castigos motivados (ha habido falta o infracción), proporcionados (debemos afinar en la valoración de la gravedad de la misma), justos (pensando en todas las partes implicadas en el conflicto, de haberlas), no humillantes (para -según las sabias palabras de Covadonga- “devolverle la dignidad perdida” al alumno), duros de cumplir al imaginárnoslos (para mantener así su función disuasoria) y a ser posible provechosos o útiles a la postre (ya que tiene que cumplirlo, que le sirva para algo al alumno, aunque ello sólo sea parano reincidir en su conducta).

    No, no ardo de ganas de escribir un tratado sobre “El castigo como una de las bellas artes”. Pero sí que creo que el castigo educativo es una herramienta o estrategia educativa irrenunciable para el alumnado entre 12-16 años.

    Llevo tan sólo 6 años en esto de la educación. Pero han sido bastante intensos en lo que a la administración del castigo se refiere. El primer año, antes de haber visto de cerca a “un alumno o alumna de la ESO o bachillerato”, absolutamente virgen en estas lides, la directora y el jefe de estudios me llamaron y me dijeron que iba a formar parte de un proyecto nuevo para el Centro: la Comisión de Mediación. No recuerdo que fuera una propuesta, una consulta, una petición. Pero en fin, ¿qué sabía yo de todo aquello?. Estaba casi recién salidito de la Facultad. Si me hubieran dicho que iba a formar parte de la Comisión de Papiroflexia o del Grupo de Apoyo Docente al Personal de Limpieza o de Ayudante Segundo del Bedel… les hubiera mirado con la misma cara de panoli y es hubiera dicho con resignación: “Vale”. (Decisión ciega y, ergo, temeraria donde las haya). Total, que entre el profe de PT, un maestro y yo como representante de Secundaria nos encargamos de instruir TODOS los expedientes disciplinarios, tanto los conciliados como los ordinarios: haciamos el papeleo, las pesquisas-interrogatorios, las labores de mediación, el seguimiento de los castigos (entre los que incluyo, por ejemplo, ir por las tardes al Insti a ayudar con los estudios a alumnos expedientados). Ese año no di ni una hora de Filosofía, mi especialidad. Y no por el descuento lectivo, no. Mi compañero de Departamento me persuadió convincentemente de lo bueno que eran las éticas y las actividades de estudios de la ESO. Y es que de descuento teníamos sólo 2 complementarias, aunque mi horario (de mañana) allí fuera de 8:00 a 14:00. Vamos, que un poco más tonto y no nazco.

    Ahora llevo 3 años como jefe de estudios. Así que lo de los castigos me suena.

    No tengo ninguna aportación teórica que dar al respecto. Bastantes se han dado. Tan sólo algunas indicaciones de índole práctica:

    b.1) Antes de castigar, siempre hay que haber agotado el primer paso: HABLAR. Esto incluye también anticipar el castigo venidero en caso de reincidencia: “Si haces esto, te va a ocurrir esto otro”. No se debe castigar sin haber habido advertencia y aviso previo, lo cual no excluye un diálogo de carácter más educador que sancionador. La única grandeza del castigo, el único aspecto del mismo que merece una sincera alabanza, es su poder de disuasión, su potencialidad para no tener nunca que hacerse efectivo.

    b.2) Este “Hablar antes de castigar” debe hacerse extensible a la comunicación con los padres. El pasado curso escolar la Comisión de Mediación llamaba a los padres a partir de la primera incidencia y ello rebajó muchísimo el número de incidencias por alumno al final de curso. Se demostró una medida eficasísima (lo cual -ay- acaso sólo era síntoma de la ineficacia de algunos tutores).

    b.3) Hay que evitar personalizar el castigo, subrayando así la necesidad de la norma: “Yo no soy quien te castiga, sino que eres tú quien te castigas, incumpliendo la norma, no me gusta tener que castigarte pero tú no me dejas otra opción”.

    b.4) A veces conviene que el alumno participe en la elección o negociación de su castigo, elegido contractualmete.

    b.5) Las expulsiones temporales son eficasísimas en muchos casos, pese a que son ilegales (si no hay apertura de expediente de por medio). Esta semana hay un alumno expulsado hasta el jueves por agredir a otro sin motivo. Ello ha venido acompañado de una charla con carácter educativo (que culmina tantas otras con el mismo alumno) y a veces se complementa con otro tipo de exigencias o tareas más “blandas” tras su incorporación al Centro… pero hay ciertos comportamientos y acciones que no pueden quedarse en mi opinión sin la aplicación de (esta anticipación y aviso de) la pena máxima. De nuevo: se trata de advertir al alumno de lo que puede ocurrir de seguir así.

    …Seguiría, pero me muero de sueño y les estoy aburriendo. Seré brevísimo con los premios (a):

    a.1) Una experiencia en mi Centro: un concurso de embellecimiento, cuidado y mantenimiento del aula con una excursión al final del trimestre y otra al final del curso como premio. Fue todo un éxito: ganó 3ºC, el grupo en el que había tenido que ir dos veces por problemas de limpieza (vaciaron un extintor y dejaron el aula llena de arroz) y del que siempre me daban quejas las señors de la limpieza. Fue un gustazo que ganara precisamente ese curso. Y fue un gustazo ir personalmente a felicitarles.

    a.2) Una experiencia en un IES del sur de Tenerife: en colaboración con el ayuntamiento han establecido premios materiales y sustanciosos (ordenadores, bicicletas… no sólo calculadoras) para “El mejor expediente académico” y para “La mejor recuperación durante el curso”. Las categorías pueden alterarse al gusto de cada Claustro.

    a.3) Un amigo que vino hace 2 años de dar clase en USA me hablaba el otro día de la importancia del estimulo competitivo y positivo con sus alumnos americanos. Ponía notas de todo (¡en cada clase!) y ello les estimulaba enormementente (aunque también le obligaba trabajar el triple). Luego, al final de cada semana, sacaba las medias y publicaba en el corcho de clase un cuadro de honor con los 5 mejores, la evolución de este cuadro en los últimos meses, etc… El chico es de ciencias.

    Termino: premios y castigos. Ambos me parecen fundamentales. Creo que debemos enriquecerlos con nuestra imaginación para hacerlos más eficaces para el proceso de enseñanza-aprendizaje y más humanos para la educación de jóvenes en camino de convertirse en personas adultas y ciudadanos responsables.

    Perdonen la extensión (especialmente a sansi) y si he estado algo espesito, me muero de sueño.

    Un saludo a todos.

  36. Andriu dijo:

    Lo he escrito con puntos y aparte y espacio entre párrafos.

    No sé qué ha ocurrido.

    Supongo que leerlo como ha quedado publicado es la viva imagen del peor de los CASTIGOS.

    Lo siento.

  37. Pedro dijo:

    sisan:
    En realidad es este mi primer claustro ideal. Y no sé si ya se terminó. En el anterior sólo me permití una última intervención cuando ya había acabado ( a traición y para quedarme yo con la última palabra :-D).

    Pero te doy la razón en que las intervenciones son largas. Pero precisamente una de las falacias, para mí, de los claustros reales, es pretender resolver temas complejos en dos frases y una votación rápida.

    Andriu:
    Tus comentarios yo los leo bien, con espacios y comas. Cosas del WordPress, que a veces asusta.

    Pero no los comparto. El tema en sí ya no me hacía mucha gracia, y es que yo no soy firme partidario casi de nada y menos de los castigos. Que funcionan… puede… que los piden… claro… que nos entrenan desde pequeñitos… vale… pero que miles de años de evolución nos lleven al ladrido o mordisco del jefe de la manada, y a la campanilla de Pavlov, pues no…

    Ya sé que no es estrictamente así, no me castiguen más, es sólo que ese razonamiento, “lo piden” aplicado a la televisión, a la música y al cine, a los exámenes, a las romerías, al propio sistema democrático, y hasta al sexo, nos va llenando de basura y totalitarismo la vida diaria.

    Pero lo dejo aquí… por ahora

    Ah! y me olvidé, saludos a todos/as y gracias.

  38. Juanjo dijo:

    Sisan: ¿propaganda? ¿enlazarse? No entiendo absolutamente nada de lo que dices. Y hay una frase tuya. (“Mucho escrito sobre Educación que es nuestro trabajo (o de la mayoría de participantes), y poco sobre Sociedad y Cultura (nuestro objetivo como maestros”) que casi prefiero no entender. Está muy bien que discrepes, citiques y aportes lo que te parezca. Pero, por favor, hazlo de una forma medianamente inteligible, que lo importante no es cuánto se escribe, sino que se entienda lo escrito. Me parece.

    Saludos.

  39. da-beat dijo:

    Sisan, siento mucho que no te esté gustando el CIO, pero no lo comparto, a mi me está pareciendo genial, no me esperaba un resultado tan bueno.

    Dos apuntes:
    – No hay tal “propaganda”, ya estábamos enlazados antes. Hay propaganda al Claustro, para que los asistentes sepan que está convocado, más o menos como las cartitas que te entregan en conserjería cuando hay uno en tu Instituto.

    – Ya lo dije hace tiempo, este Blog pertenece a la AEDBEDDLCL (Asociación Española De Blogs En Defensa De Los Comentarios Largos), de modo que no es ningún problema. En el CIO, además, son los comentarios largos los que lo hacen Ideal (entre otras cosas). En un claustro normal la gente está esperando irse, pero en el CIO estamos voluntariamente, hablando de cosas que nos interesan. Si un mensaje es largo, siempre puedes “irte” y volver cuando quieras a leerlo. Nadie está obligado a estar aquí de 17:30 a 20:00.

    En cuanto a tu aportación, ¿un examen sorpresa es premio o castigo? Pues depende de los motivos. Puede ser un castigo o puede ser una actividad de clase (no me atrevo a llamarlo “premio”, aunque les venga bien). Si está puesto a mala idea, para que saquen malas notas, será un castigo. Si está puesto con fines educativos, será uno de los “buenos castigos” de los que hemos hablado.

    Andriu: No te preocupes, al final el texto se ve con espacios, es solo que para ello hay que recargar la página. Te habrás dado cuenta.

    Has sacado un tema que yo miro con cierto recelo: la competitividad. Por una parte estoy a favor, los motiva y los anima a hacerlo mejor. Pero por otra nunca me ha gustado que “hacer las cosas bien” sea sinónimo de “hacerlo mejor que los demás”. Me gusta más la competitividad con uno mismo. No creo que haya que ser mejores que los demás, hay que ser mejores que uno mismo el día anterior. Creo que es un objetivo más educativo, y mucho más alcanzable. Al fin y al cabo, de un grupo de personas, solo puede haber un “mejor”, lo que implica unos cuantos fracasados (los famosos “loser” o perdedores en USA) y eso no me gusta. Si se trata de superarse a sí mismos, todos pueden ser ganadores.

    Un saludo.

  40. Montse dijo:

    Con respecto a fomentar la competitividad, dar premios a los mejores expedientes y poner cuadros de honor, yo no estoy de acuerdo. Me parece mejor lo que propone Da-beat, a saber: fomentar la competitividad con una/o misma/o, hace que cada cual saque lo mejor de sí, haga lo posible por superarse, pero no para ser mejor que otras/os sino para ser cada día mejor él o ella misma. Premiar los mejores expedientes es condenar al fracaso a aquellas/os que nunca podrán ser las/os mejores. Porque no nos engañemos la lotería natural y social a la que todas/os estamos sometidas/os nos hace que cada una/o de nosotras/os tengamos un presupuesto de partida totalmente desigual y esto hace que algunas/os nunca puedan llegar a ser de los mejores, “de los elegidos” y esto debe ser muy muy frustrante. Por eso yo propongo fomentar la autosuperación y que el premio sea la propia satisfacción que una/o siente cuando ha hecho las cosas como debía hacerlas, ¿acaso eso no es un auténtico premio?

    Un saludo, Montse

  41. Ricardo L. Rodríguez dijo:

    A mí me alegra mucho encontrar en el CIO a personas que discrepan. De hecho, me gustaría que discrepáramos más entre nosotros, lo que ocurre es que todos/as los de por aquí estamos en una línea y visión de la Enseñanza similar.

    Mi buen amigo Andriu está lúcido y sembrado en sus opiniones hasta muerto de sueño. A mí pueden llamarme su alter-ego, si quieren, porque, en general (pero casi siempre también en particular), estoy de acuerdo con sus comentarios y me siento muy identificado con sus opiniones. No en vano, ambos somos jefes de estudios de centros muy grandes y con una problemática organizativa parecida.

    Podemos usar los eufemismos o tecnicismos que queramos. Podemos llamar al premio refuerzo positivo y al castigo refuerzo negativo. Nuestro anfitrión nos ha planteado un tema interesantísimo y ahí están la cantidad de comentarios que se han generado sobre el mismo. Premio y castigo son necesarios. A ellos no se debe llegar sin pasos intermedios. Ni se da un premio porque alguien haga una sola cosa bien, ni se castiga al que comete un error o hace algo mal por primera vez. El primer paso intermedio es, como bien decía Andriu, el diálogo, especialmente con los castigos. Yo llevo 5 años de jefe de estudios. Cuando empecé no tenía ni idea de lo que debía hacer, no sabía nada. Muchas cosas las hacía unas veces por puro sentido común y otras por intuición. He practicado el diálogo como medio de relación básico con el alumnado del centro, no sólo con aquel que ha cometido una falta de algún tipo, y creo ciegamente en él. Lo que me molesta, es que algún/alguna compañero/a me exija la toma de medidas disciplinarias en ciertos casos con alumnado con el que jamás se han tomado la molestia de perder 10 minutos en dialogar. La aplicación del sistema de sanciones del Decreto de Derechos y Deberes del Alumnado es, en sí misma impracticable, en muchos casos. Nos podemos encontrar con el ejemplo siguiente: un/a alumno/a, que hable en clase, que tire un papel o que no traiga los deberes (3 faltas leves) podría ser expedientado y expulsado un máximo de 4 días del centro. He convivido en estos últimos cuatro cursos escolares (más el presente) con una generación de alumnado en la que había una gran heterogeneidad. Particularmente, he podido hacer un seguimiento muy especial a los que comenzaron 1º de la ESO cuando empecé yo mi periodo en la jefatura de estudios. No soy yo quien deba decir si el sistema de diálogo, de castigos educativos (aquellos que otorgan dignidad al/a la alumno/a, con los que aprende algo y recapacita sobre su falta, los que terminan con un voto de confianza en él/ella) ha sido bueno o malo. Lo que sí puedo afirmar es que, en estos cuatro últimos años, se han visto reducidos de manera bastante significativa la apertura de expedientes disciplinarios, y que la convivencia en el centro ha mejorado. Es mi visión. Otros/as compañeros/as pueden discrepar profundamente de mí y los respeto, cada cual tendrá sus datos, sus argumentos y sus razones. Muchos castigos nos ahorraríamos si el diálogo y la mediación del conflicto antes que la sanción ocupara nuestras mentes. Y con ello no digo que no se deba sancionar. Las faltas graves o muy graves deben ser sancionadas lo antes posible con firmeza, eso no implica que con ello desaparezca el diálogo o una posterior resolución del problema conciliada o mediada. ¿Y los premios? Empecemos por aprendernos el nombre de nuestros/as alumos/as, llamémosle a cada uno/a por el suyo. Para ellos es importante y ya con ese pequeño detalle muchos/as se sienten premiados. Respetemos al alumnado y la gran mayoría nos dará respeto a nosotros. Intentemos no gritar y no les hablemos como a niños o como a extranjeros. Se dan cuenta de casi todo. No los/las infravaloremos por su edad y porque tengan menos experiencia de la vida que nosotros. Seamos sinceros/as con ellos/as y hagámosles saber cuándo nos sentimos orgullosos/as de ellos/as, cuánta satisfacción nos causan y cuánto aprendemos de ellos/as. Un cordial saludo a todos/as los/as claustrales. El CIO sigue adelante.
    P.D.: Sobre los castigos y las reglas de los/as docentes hay un cómic muy interesante. Lo incluí hace algunos días en un artículo (“Ocirino o los 5 juicios”) en mi blog. Si alguien tiene interés, pinche aquí

  42. Pedro dijo:

    La cercanía física de Ricardo en Gran Canaria, donde vivo, y Andriu, en la Caleta, donde paso los veranos con mi mujer (que es de la Villa) y mis hijos, las referencias a Laura Pausini, que tanto animó mis fracasos y el comic de Ocirino, el cariño por Montse, me hacen difícil discrepar o discutir con ustedes, y pensar que seguramente no estamos nada distantes.

    Pero me chirría, serán restos de rebeldía infantil, la glorificación educativa del castigo, que quizá tenga que ver con nuestra larga tradición en el manejo del pecado y de la culpa.

    ¿Se fijaron que las citas sobre el fracaso son casi todas de personajes triunfadores anglosajones? Nuestro mayor personaje literario es un viejo manchego fracasado y vejado por todos. Nuestro mayor éxito fue el fracaso al buscar las Indias. Nuestros santos son en su mayoría mártires y nuestros premios Nobel, trabajadores solitarios.

    Se nos educa para superar exámenes y para eludir las culpas. Somos maestros en el arte de la individualidad, la excusa, la penitencia y la picaresca. Y reproducimos la misma historia y el mismo método una y otra vez.

    Nuestras estadísticas miden el fracaso escolar, la conflictividad y la mortalidad. Nuestros políticos trabajan la división más que la multiplicación, la amenaza frente al ánimo, el miedo más que el valor.

    Pero ven,… ya vuelvo a naufragar. Otro fracaso más. 🙂

  43. Pedro dijo:

    Les dejo unos enlaces sobre el aprendizaje de los fracasos, como nos indicaba da-beat, un curso sobre la felicidad en Harvard y los imprescindibles Pink Floyd y su imprescindible “”We don’t need no education”. Espero que WordPress me lo permita. Saludos:

    Competir sin picarse

    Aprender de los fracasos

    Aprender a fracasar y a correr riesgos

    John Lennon fracasó en su primer intento de aprender a tocar guitarra

    Sobre el Fracaso

    Razones para ser un buen estudiante

    Fracaso escolar

    Harvard’s crowded course to happiness

    El Aprendizaje Virtual

    La educación que no queremos

  44. Yolanda Juarros Barcenilla dijo:

    Les escribo desde mi nuevo cargo directivo en una editorial dedicada a temas pedagógicos con mucho prestigio entre profesionales de habla castellana. Deseo editar sus comentarios en un libro con el que me pienso forrar. ¿Les importa? (…)

    Ahora fuera de bromas. Se me ha ocurrido que les tengo que preguntar a mis chicos/os qué piensan del castigo (un poco relacionado con la desobediencia). Mañana haremos el debateen forma de barómetro de valores
    .

    1.- El castigo es una herramienta útil que favorece el aprendizaje

    2.- LXs adolescentes necesitan aprender a desobedecer

    3.- Si castigamos mucho conseguiremos un alumnado muy obediente

    4.-Educar para la paz es educar para la desobediencia

    Os pediría ayuda para encontrar más frases, lo suficientemente ambiguas, como para que animen el debate.

  45. sisan dijo:

    Veinticuatro horas sin pasar por aquí y esto sigue muy caliente… O sea, también me equivoco.

    Al menos debo disculpas a Juanjo, por expresarme sin claridad, como muy bien dice, y a los que lo piensan y no me lo dicen (es cierto, aunque intentaba contar mi problema al volver de vacaciones).

    Hoy (ayer) estaban todos puntuales salvo una alumna (la que nunca llegaba tarde pero se retrasó dos minutos). Les conté que tenía previsto hacerles otro examen rápido (que suspendí) y me dijeron que ya lo sabían. No creo que lean este blog pero, aunque no lo saben (¿o sí?), habrá examen corto todos los martes y viernes que es cuando tenemos clase a primera hora (seguro que alguna vez más no lo habrá).

    El tema del CIO es Castigos o Premios. Intento buscar actuaciones que no sean eso. No busco suspender a alguien por llegar tarde a clase pero sí que reflexione, que no debe retrasarse. Ya sé que estas actuaciones siempre se pueden leer como premios o castigos…, y no sé qué pasará dentro dentro de dos meses (algo se me ocurrirá).

    Muchas gracias a da-beat, y claustrales, por haberme aguantado con mis comentarios. Punto y final.

  46. Andriu dijo:

    Tomo la palabra de nuevo, por alusiones, y a horas menos intempestivas.

    Comienzo por el sub-tema de los premios vinculados a la competitividad, contestando a Montse y a Da-beat.

    Es verdad, a mi también me produce cierto reparo el recurso a la estrategia del fomento de la competitividad. Recuerda a la ideología meritocrática e insolidaria que efectivamente el concepto de “loser” en Estados Unidos expresa elocuentemente (reforzado por tantas “pelis americanas” y criticado por tantas otras, cual “American Beauty”). La competitividad promueve o implica eficiencia, superación, mejora. Pero también a costa de una educación en valores, al dejar de lado toda una serie de virtudes que la cooperación promueve: generosidad, enriquecimiento personal, capacidad de dialogar y de hacer concesiones, etc…

    Durante mi época de estudiante pude sufrir los desatinos de llevar ambos modelos a su expresión máxima. Recuerdo una charla de orientación académica y profesional en la que nos metieron el miedo en el cuerpo al pintarnos de negro azabache el futuro laboral. La receta que nos dieron: ser el mejor, ser competitivo (ahora es “ser competente”), no perder ni un minuto en prepararse para luchar por la escasez de bienes (puestos de trabajo). A mí me impactó aquella charla (el miedo es un estímulo poderoso) pero luego me debí relajar, pues terminé estudiando Filosofía. Pero otros amigos que eligieron Derecho, Empresariales o cualquier otra desde la que practicar el darwinismo social con mayor éxito que “una de letras” me contaban verdaderas atrocidades, como la de negarse los apuntes de clase entre compañeros… Estos chicos eran verdaderos tiburoncetes, genuinos competidores, en los que había calado bien aquella charla pre-universitaria preparada por el departamento de Orientación.

    En el otro extremo estaba mi profesora de Educación Física, enemiga a ultranza de la competitividad. Yo por entonces hacía mucho deporte: karate y atletismo. Estaba en un equipo, entranábamos duro y teníamos competiciones a menudo. Mi profesora acabó convenciéndome (yo estaba en 1º de BUP) de que dejara el atletismo “a ese nivel”. No recuerdo sus argumentos, pero sí el fondo: una machaconería sistemática y permanente contra la competitividad en el deporte. Nunca practicamos fútbol, baloncesto, volleyball, atletismo ni ningún otro deporte susceptible de dar lugar a ganadores y (¡mucho menos!) a perdedores. Por contra, aprendimos a hacer virguerías saltando a la comba, y a bailar merengue. Los compañeros del otro grupo decían que un día les había dejado abrir las mesas de ping-pong y jugar, pero sin pelota. Se trataba de simular y perfeccionar “el toque”, pero sin la pelota, generadora de fatales competitividades… Nunca llegué a creerme del todo esta anécdota, probablemente hiperbolizada por mis amigos, pero como leyenda escolar era cojonuda y me reí mucho imaginándome la escena.

    Insisto: ningún extremo es bueno. Y ello porque ambas estrategias (competitividad y cooperación) tienen sus ventajas y sus inconvenientes.

    Una actividad en clase que las reúne a ambas es el trabajo en grupo en el que se establecen relaciones de cooperación dentro del grupo y de competitividad entre un grupo y otro. Vamos, como en los deportes de equipo. El grado de competitividad lo puede modular el profesor en función de las reglas que marque (premios, tipo de tareas, enfoque).

    Retomando los ejemplos que puse al hablar en mi primera intervención de los premios y la competitividad, es verdad lo que dice Montse: ya sabemos quien va a ganar el premio al mejor expediente y quien va a figurar en el cuadro de honor. Y lo peor: quien no. Pero tengo dos “peros” a esta objeción:

    a) Prácticamente todas las medidas de atención a la diversidad de los IES están dirigidas a los que son diversos “por debajo”, a los que no llegan a un nivel medio académico o de comportamiento (adaptaciones curriculares, programas de diver, talleres de fomento (ahora: “`programas de refuerzo”), apoyo idiomático, programas de mejora de la convivencia, etc…). Ya lo dijo Da-beat en el cuerpo de su post: en los Claustro no se habla más que de cómo gestionar la disruptividad de unos pocos, o de unos muchos: de una parte en cualquier caso. ¿Y los otros? ¿Qué pasa con los que sobresalen por “arriba”? Estoy de acuerdo con los que han intervenido en la línea de que a veces no es suficiente el: “Es que esa es su obligación” o “Su premio es la satisfacción personal, un futuro más fácil, etc…”. También debe haber inversión de recursos -humanos, económicos, etc- para estos alumnos.

    b) La propuesta de mejora personal o autosuperación que defienden Da-beat y Montse es compatible, al menos, con el “Premio a la mejor recuperación”. El alumno compite consigo mismo. Compite su “yo” del primer trimeste contra su “yo” del tercero.

    En cuanto al asunto de los castigos, es verdad, Pedro, que decir simplemente que “lo piden” no es el mejor de los argumentos. Pero fíjate que entre los que lo piden incluí a los propios alumnos castigados… Esto nos debería dar que pensar.

    En efecto, a mi también me ha ocurrido algo que creo se lo leí a Ricardo, con el que tampoco puedo dejar de sentirme identificado y con el que estoy seguro formaría un buen equipo (si no estuviera -ay- absolutamente convencido de dejarlo el 30 de junio del 08, je, je…). Hablo de alumnos a los que tuvimos un día sí y otro también en la jefatura, y a los que evidentemente hubimos de castigar, a veces incluso con la expulsión definitiva, y que una vez que ya no son alumnos del Centro se los encuentra uno por la calle, te saludan, te dan la mano y hablan contigo amigablemente. No voy a decir que me dieron las gracias, porque mentiría. Pero sí que me dio la impresión de que estaban agradecidos.

    Y es que un castigo es también una forma de enseñanza y de aprendizaje. Es un modo -elemental, básico, poco sofisticado: de ahí su eficacia con niños, adolescentes, ratas de laboratorio o perros de Pavlov- de desarrollar en el sujeto o animal el “pensamiento consecuencial” (Si haces esto… pasa esto otro).

    Eso es al menos lo que me enseñó Manuel Segura (un conocido pedagogo de las islas especializado en poblaciones de riesgo y conflictos escolares, que aparte de teorizar ha trabajado en prisiones, centros de menores con medidas judiciales e IES conflictivos) el año aquel en el que la directora y el jefe de estudios (gente encantadora y buenos profesionales, aunque temerarios y alocados en decisiones como éstas) me espetaron: “te ha tocado ser miembro de la Comisión de Mediación”.

    ¿Castigos? Sí, porque (y cuando) son educativos.

    Por cierto, Pedro, me das una alegría tremenda con lo de que formas parte de ese club de privilegiados que veranean en La Caleta. Hay que ver lo pequeña que es esta red…

    Yolanda, no sé si te servirá esta otra:

    5. Cuando hago algo malo, me castigo a mí mismo.

    Un saludo a todos.

  47. Illaq dijo:

    Ricardo L. Rodríguez alude al uso de “eufemismos o tecnicismos” y como creo que he sido quien ha utilizado “tecnicismos” (que no “eufemismos”) y, para remate, tecnicismos “conductistas” en mi intervención, me parece conveniente dar una explicación del porqué.
    Desde mi punto de vista, y en el contexto de este CIO, es importante distinguir con la máxima precisión posible qué es un castigo, de lo que es un “premio” y, dentro de los “premios”, los que son “por añadidura de algo” de los que son “por retirada de algo”. Por eso no se pueden identificar los refuerzos positivos con los premios y los refuerzos negativos con los castigos; estos últimos refuerzos no son de ninguna manera castigos y, de hecho, las respuestas que dan las personas a cada uno de estos tipos de consecuencias son diferentes, y dejan diferentes secuelas. Un ejemplo muy claro: suele hablarse de la “exclusión” o expulsión como del “castigo máximo” aplicable a un alumno. Es muy posible que, para el alumno al que se impone semejante medida, ese castigo no sea tal, sino un auténtico “refuerzo negativio”, que pueda aumentar la probabilidad de que repita sus acciones de ese modo “castigadas”; en realidad, la exclusión puede ser un magnífico “refuerzo negativo” de aquellas acciones castigadas, puesto que le brinda al alumno la posibilidad de evitar ir a la escuela que, para él, puede ser un tormento.
    Supongo que, con estas cosas, ya me habrán “categorizado” como “psicólogo conductista”, alejado de la práctica cotidiana del aula. Esto no es en absoluto un reproche: las categorizaciones son inevitables y vienen muy bien, sobre todo cuando la comunicación es escrita. Como sé que, también inevitablemente, la imagen que uno se haga de un “interescritor” es muy importante para calibrar lo que este diga, les daré unas pistas acerca de mí.
    Bien, sí soy (entre otras cosas) psicólogo, pero no “conductista”. No soy docente, aunque lo fui (en la privada) durante varios años en EGB, FP y BUP, por lo que no me resultan ajenas las aulas. También formé parte de un “glorioso” equipo de formación del profesorado. Quizá por eso insista tanto en lo de la “formación”.
    Un cordial saludo.

  48. da-beat dijo:

    Pedro, he recuperado tu mensaje con los enlaces. Como habrás imaginado, se los comió el Akismet, y no los había visto hasta hoy. Aviso a los demás que suban un poco en la página para que los vean y los visiten si quieren.

    Se me está haciendo complicado “cerrar” el CIO porque, como dice Sisan, todavía está caliente. En realidad no quería cerrarlo: Otra de las ventajas de un CIO es que no terminan, quedan aquí y si alguien quiere contestar, puede hacerlo.
    En lugar de “cerrarlo”, dejo una cita de Neal Stephenson (cómo no) en su libro “La Era del Diamante”:

    Sus argumentos no carecen de méritos -dijo Hackworth -. Gracias por ayudarme a ver la cuestión bajo otra luz. Meditaré sobre esas preguntas durante mi retorno a Shanghai.

    Creo que ya va siendo hora de que nosotros hagamos nuestro propio “retorno a Shanghai”, y meditemos sobre todo lo dicho aquí, que no es poco. Como digo, el Claustro sigue abierto, y podéis escribir las conclusiones de esas meditaciones, por ejemplo, pero mañana propondré al blog que acoja la 5ª sesión del CIO.

    Saludos y, otra vez, muchísimas gracias.

  49. Yolanda Juarros Barcenilla dijo:

    Andriu, me valdría la frase si no pensara que cuando soy malo lo que intento es, únicamente, cubrir unas necesidades que me han creado.

  50. Juanjo dijo:

    Sisan: nada que disculpar. Gracias.

    Illaq: Personalmente agradezco muchísimo tus precisiones, tu intención de precisión y tus tecnicismos. Y me alegra leer lo que afirmas, técnicamente, respecto a la excusión, porque así lo veo a diario. (Y muy buenas esas comillas de “glorioso”. Si contara sobre la “gloriosa” formación de directores…)

    ¡Saludos! ¡Fantástico CIO! Gracias a ti, Da-Beat, espléndido anfitrión, y gracias a l@s claustrales. Aprendo muchísimo (y no es un decir).

  51. Ricardo L. Rodríguez dijo:

    Da-Beat, mantén, por favor, unos días más el claustro abierto. Me gustaría volver pero estoy mal de tiempo. Muchas gracias.

  52. Chelucana dijo:

    Hola a todos,

    No soy docente y, si me permitís, me gustaría intervenir antes de que se cierre el CIO, en calidad de madre. Ni siquiera tengo hijos adolescentes aún, así es que os preguntaréis qué pinto aquí. Mi objetivo es construir los cimientos y la estructura, desde la responsabilidad que me toca como madre, de lo que luego acabamos entre todo. “Se necesita una aldea para educar a un niño”. Así es que, dado que os leo desde el comienzo de este CIO, he pensado que un punto de vista más alejado de las aulas tal vez os de otra perspectiva y consigamos entre todos el “gran angular”.

    Estoy en contra de los castigos y también de los premios, como norma, y trataré de justificar mi punto de vista.

    Como ya ha aclarado Illq, los refuerzos, tanto positivos como negativos, pretenden aumentan la probabilidad de que ocurra la respuesta que deseamos incrementar, por medio de la aparición de un estímulo agradable (refuerzo +) o mediante la eliminación de un estímulo desagradable o aversivo (refuerzo -). El castigo, por el contrario, disminuye la probabilidad de aparición de la respuesta que deseamos reducir o eliminar, mediante la presentación de un estímulo aversivo (castigo +) o la retirada de un estímulo agradable (castigo -). Así, + o – se refiere, en ambos casos, a presencia o ausencia de estímulo y no al valor de este (aversivo o apetitivo).

    Todo esto funciona muy bien a nivel teórico y con animales,… Pero los seres humanos somos mucho más complejos y nuestro comportamiento está motivado por otros aspectos como la percepción particular de las cosas, nuestros pensamientos, emociones y motivaciones menos observables y cuantificables en términos de conducta. Por otra parte, aunque funcione el sistema de premios y castigos, deja de ser efectivo a largo plazo. Así es que, si se aplica inevitablemente, mejor racionarlo.

    Depender de la administración sistemática de refuerzos o castigos nos reduce a meras máquinas y nos hace dependiente de nuestros administradores (padres/maestros/amigos/juegos) que nos procuran placer o displacer. Está bien cargar las pilas desde fuera inicialmente cuando hace falta con refuerzos pero, bajo mi punto de vista, es más importante activar el generador interno, que uno sea capaz de automotivarse sin depender de otros.

    Creo que es Juan A. Pérez, quien en su blog habla de la Pirámide de Maslow… Bien, esto funciona así, las motivaciones de orden superior sólo se activan cuando las de los niveles inferiores ya han sido satisfechas y la magia de las del nivel superior está en que nunca se acaban de satisfacer. Es decir, si tocamos las clavijas que mueven hacia la búsqueda de la propia autoestima y la estima de los demás, el reconocimiento, la autorrealización (la satisfacción por el trabajo bien hecho, llegar a hacer lo que quiero hacer), podremos construir un modelo educativo basado en el respeto y la aceptación de normas. Bueno, vale, la pirámide de Maslow tiene sus escollos, pero no quiero aburriros más,… Sólo quería hablar de las limitaciones que tienen algunos reforzadores… Pero el ejemplo más claro está en vosotros mismos, vuestras profesiones. ¿Acaso os dedicáis a la educación por el magnífico salario? Seguro que encontráis otras razones “más elevadas”. ¿Os merece la pena ejercer una profesión “de riesgo”, denostada por muchos, puesta permanentemente en tela de juicio…? ¿Cuáles son vuestras motivaciones? Seguro que no se encuentran entre las de orden inferior. Tenéis la misión más importante, más valiosa: educar a los ciudadanos del futuro. Pero, ¿cómo? ¿por medio de sanciones?…

    Pues vayamos al CÓMO. Algunas de vuestras propuestas me parecen muy interesante:

    La pedagogía de error. Los modelos de competencia, de la supereficacia como objetivo final, a veces asustan en un proceso de aprendizaje. ¿Cómo se llega a esa imagen inalcanzable? En ocasiones es más fácil aprender cómo no se hacen las cosas, desde modelos ineficaces… Empezando por nosotros mismos. Reconocer nuestros propios errores ante la audiencia nos hace humanos, mucho más humanos, sin ocultarlos, sin ruborizarnos, simplemente aceptándolos.

    El valor del fracaso. Pedro, soy muy afin a tus comentarios, me parecen magníficas tus citas, trataré de mirar todos los enlaces. ¡Uff! Nos educan para el éxito y para obtener satisfacción inmediata (otra vez el caramelillo). Enseñar a aceptar el fracaso, como parte del camino a recorrer y disfrutar del viaje, nos permite mantener la motivación, demorar la recompensa, marcar objetivos a corto plazo (“pasito a pasito para llegar hasta aquí” como dicen mis hijas). Y, como en el Viaje a Ítaca, tal vez descubramos finalmente que la meta es el viaje, no el destino.

    ¿Qué tipo de autoridad ejercemos? Buen apunte, Juan A. Pérez. ¿Autoridad coercitiva o punitiva? Basada en la administración de premios y sanciones. ¿Autoridad parental? (no sé, me lo acabo de inventar). Respeto que debo a mi maestro que me enseña, a mi madre que me dio la vida, en definitiva, a quien vela por mí, de quien dependo emocionalmente y que me recuerda cada día todo lo que ha hecho por mí. ¿Autoridad posicional? Basada en el cargo, posición que detenta uno dentro de una organización, respecto a mí. ¿Autoridad moral? Relativa al valor moral, conocimiento y reconocimiento, sabiduría…, de esa persona. Esta última es la más güay, ¿verdad? y también la más subjetiva, porque mis figuras de autoridad no son necesariamente las mismas que las tuyas. Y ¿quién de vosotros no ha soñado en convertirse, aunque sea por un momento en un profesor Keating aclamado por sus alumnos al grito de “¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!”? O, un profesor Thakeray marcándose un twist ante sus agradecidos y respetables alumnos, rescatados de un destino ya escrito, en la fiesta de fin de curso.

    Cuando hago algo malo, me castigo a mí mismo. Mis disculpas, Andriu, pero disiento absolutamente de este punto de vista. Si me pongo en la piel de un adolescente, me cuesta dar crédito a esta afirmación. El discurso paternalista “lo hago por tu bien”, “yo no te castigo”, “hacerle ver que se equivoca”, “no me dejas otra opción” me parece manipulativo, juega con el sentimiento de culpa, crea dependencia emocional,…

    El modelo de Manuel Segura. ¡A vueltas contigo, Andriu! y con todos mis respetos a Manuel Segura, pues estoy convencida de que su trabajo es encomiable. Sí, ya sé que el castigo funciona en las cárceles y con población de riesgo. Pero ¿no hablábamos de personas normales, alumnos, que son población general, en donde hay de todo? Hoy he estado en una comisaría de policía para tramitar un pasaporte con mi hija (7 años) en donde se gestionan otros documentos para extranjeros. Me ha sobrecogido el trato que recibían por parte de la policía aquellos que simplemente intentaban informarse de cómo funcionaba el “foto-matón” y he tratado de proteger a mi hija de presenciar esos comportamientos. Los ciudadanos españoles, ante las mismas preguntas, éramos tratados con amabilidad. Tal vez sea necesario, pero cuando las estrategias educativas, y los consejos, de los centros de menores y de las cárceles se transfieren a la escuela y al hogar, (recordemos que también Supernanny es experta en población difícil), me echo a temblar 🙁 Por suerte, algunas personas, como mi amiga Yolanda 😉 han descubierto que con sus grupos “singulares” el castigo ha dejado de ser efectivo y que la creatividad se impone a la hora de buscar otras estrategias menos manidas y más efectivas.

    Los castigos educativos o asumir las consecuencias de nuestras acciones. Y siguiendo con sistemas penitenciarios. Si los castigos son similares a las sentencias ejemplares del juez Calatayud, pues bueno… supongo que es cuestión de atinar en la sanción, pero también de encontrar soluciones creativas, motivadoras y que reparen el daño, como ya habéis comentado: Si pinto las paredes, debo limpiarlas; si tiro basura, debo encargarme de vaciar y recoger las papeleras; si agredo a alguien, tendré que prestarle algún servicio especial,…

    ¿El diálogo o la escucha? Sin duda el diálogo es la mejor herramienta pero, ¿desde qué posición? Volvemos al problema derivado de actitudes paternalistas, de la tendencia a convertir el diálogo en un monólogo, de la charleta moral,… de los sesgos en nuestra percepción y en nuestras expectativas (efecto Rosenthal) que anula el poder del diálogo y lo convierte en un arma a merced de la autoridad. Luego nos quejamos de que no escuchan. ¿No será que hablamos demasiado? Y demasiado “lejos”. Tal vez si conseguimos honestamente librarnos de nuestros prejuicios y nos centramos en escuchar más y hablar menos, desde el respeto, sin sentirnos moralmente obligados a ayudar, a adoctrinar ni a aconsejar, sino a escuchar e informar, desde una posición adulta, respetuosa,… seguramente los alumnos nos mirarían de otro modo, como personas AUTÉNTICAS. ¿Qué cualidades tenían vuestros maestros más admirados y recordados? ¿Sancionaban y premiaban?

    Por último, porque creo que me excedido, os dejo un enlace por qué no a los castigos, elaborado por un grupo de “expertos” padres y madres.

    Un artículo: donde nace la violencia

    Un par de libros: “Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y como escuchar para que sus hijos le hablen” de Faber y Mazlish. Y “Educar con inteligencia emocional” de Elías y otros. Los hay en versión adolescente y seguro que están muy bien pero, obviamente, aún no los he leído, no me toca 😉

    Y una cita: “Desde que soy madre, escucho de continuo que no educo a mis hijos para defenderse en el mundo real, que es muy duro. Ante esta acusación solo puedo declararme culpable, es cierto, educo a mis hijos para que sean constructores de nuevas realidades, más amables”. Carmen Ibarlucea, “Diez cuentos del mundo que ayudan a educar(nos)”

    Ha sido un placer leeros 🙂

  53. Pedro dijo:

    Por favor, que nadie se corte en expresarse como crea más conveniente.

    Y si es necesario mudar el claustro para dejar más hueco (y tiempo) a da-beat, lo trasladamos (¿se puede? supongo que, como es ideal, se puede congelar, posponer, teletransportar, empaquetar, de todo…¿no?)

    Un caso, muy cercano y personal (y quizás por eso no demasiado válido): mi hija Irene, 6 años, 1º de primaria.

    Ayer, su maestro de educación física tuvo a toda la clase sin jugar y dando vueltas porque no le hacían caso (¿todXs?).
    Ese mismo día (duro día debió ser) su maestra los castigó sin recreo tres (3) días
    por el mismo motivo.
    Mi hija me dijo que ella se portó bien y hoy, parece ser, los dejaron salir al recreo. (“y yo salí la primera, papá”, me dijo).

    Si algún día Andriu en la Caleta, o cualquiera de ustedes la conoce, comprobará que, salvo un tono de voz a veces ligeramente agudo y alto, no resulta nada peligrosa, pero casi seguro para entonces, en un sólo curso, ella habrá acumulado una gran experiencia educativa sobre sanciones y faltas.

  54. Pedro dijo:

    Matizo un poco más mi intervención anterior en el sentido que yo creo que los primeros años son fundamentales, y ahí es donde el tema suele irse de las manos.

    Ahí es donde es necesario reforzar la formación de los maestros, las ayudas y desdobles necesarios, las actividades de competitividad válidas a esas edades. Por supuesto que sería ideal extenderlo a todos los niveles, pero si me tuviese que elegir yo diría: dénme unos niñXs ( y maestrXs) bien formados en primaria.

    Me sorprende la profesora de E.F. que menciona Andriu, cuando para mí lo que falta en todos los niveles serían más horas de ejercicio físico y competitividad deportiva (también de Arte y Música, pero no quiero desviar el tema).

    Cuando veo realizar exámenes teóricos de E.F., aunque después de ver el estado general de las canchas educativas llego a comprenderlo, pienso que la E.F. en la escuela está pensada no para desarrollar el cuerpo y la sana competitividad, sino para crear seleccionadorXs de sillón y mando a distancia.

    Gracias da-beat, por rescatar mis enlaces, que creo que hasta cuatro veces intenté poner. Gracias Illaq por tus tecnicismos y matizaciones. Es evidente mi falta de formación y por eso agradezco tu “insistencia” y te adelanto que soy muy mal “categorizador” hasta para mí mismo. 😉

    Yolanda, supongo que ya habrás realizado el debate y sería interesante conocer lo que opinaron “tus chicXs”. Así mismo soy mal filósofo y algunas frases que se me ocurren me remiten a las citas que encontré y probablemente no sean lo suficientemente ambiguas y hasta poco originales, pero me arriesgo a la crítica:

    – “En el fracaso está la llave del éxito.”
    – “El abuso del castigo suaviza la pena”.
    – “Premiar lo fácil arruina el esfuerzo”.

    Saludos de nuevo y buen jueves.

  55. Juanjo dijo:

    Pedro, en el primer CIO propuse, más o menos unas normas. Copio y pego de allí:

    “Unas mínimas normas se me han ocurrido. En uno de los blogs de los integrantes del claustro, que por supuesto está abierto a quien lo desee, se propone un tema educativo, una especie de orden del día. En los comentarios se debate la cuestión propuesta durante un plazo de unos días previamente fijados por el autor/a del post. Terminado el plazo el/la autor/a del post propone la sede (el blog) del siguiente debate en un nuevo post. Y podemos ir así, de blog en blog, celebrando sesiones del Claustro Ideal Oficial. Vamos, no apto para claustrofóbicos. Por supuesto que estas mínimas reglas están abiertas a vuestras aportaciones, que seguro que serán mejores que el mínimo orden que osadamente me atrevo a proponer. Para eso tenéis los comentarios.”

    Hasta ahora, que yo recuerde, no se han modificado. Lo digo por tu pregunta o propuesta de mudanza. Espero aclararte tus dudas.

    Saludos.

  56. Pedro dijo:

    Disculpa, Juanjo, no conocía esas normas, y no era mi intención molestar.

    Mi intervención pretendía ser jocosa, y no provocadora, siguiendo la petición, más formal de Ricardo. Limitaciones del lenguaje escrito, o de mi propia capacidad de expresión. No es la primera vez que me pasa.

    En todo caso, y como en toda buena película de terror o misterio ( y esto pretende ser una metáfora jocosa) en el tema propuesto por da-beat cuesta, aunque sea necesario, llegar hasta el final.

    Pero está claro que el anfitrión decide, y es bueno temporalizar los debates. Saludos.

  57. Chelucana dijo:

    ¡Ay Pedro! ¡que estamos en la misma situación! No quería enrollarme más, porque mi mensaje anterior ya fue demasiado largo pero, cuando mencionábais la posibilidad de dar medallas a los alumnos “aventajados/mejores/que se portan bien/…” me chirriaron las neuronas.

    La profesora de EF de mi hija (7 años) se presentó en la reunión con padres planteándonos sus objetivos educativos y cómo lograrlos (básicamente actitudinales), asignando medallas por cada logro. Es fácil asociar la medalla con el deporte. A los padres les parecía fantástico, ¡qué bien se vende una idea así! Mi pregunta, no formulada en público, fue: Vale ¿Y cuando se extinga el valor de la medalla y deje de ser una motivación para “portarse bien”?

    A los pocos días pude comprobar las primeras consecuencias cuando mi hija me explicó decepcionada: “Mamá, nunca voy a conseguir una medalla porque no leo bien, todos leen más deprisa que yo” Vaya, la tutora también había adoptado tan magnífica idea.

    Después descubrí que no bajaban al gimnasio ni al patio durante la hora de EF porque estaban castigados, según palabras de mi niña: “por culpa de unos pocos que no se portaban bien”. Esta situación se ha prolongado durante todo el primer trimestre. Según mi hija: “la profe no se da cuenta que cada vez nos portamos peor”. “Mamá, no me pongas el chandal que vamos a estar castigados todo el año”… Traté de entender cuál era la situación. Mi hija insistía en que “por culpa de unos cuantos,…” Le pregunté si creía que esos niños decidían o eran responsables de que el resto bajara o no al patio o al gimnasio. Para ella estaba clarisimo que la “culpa” era de los “niños que se portaban mal” y admitía que cada vez eran más los que se portaban mal 🙁

    Hablé con la profe antes de que fuera devorada por otros padres que empezaban a estar inquietos. Traté, con la mejor voluntad para entender su punto de vista, que tomara conciencia del círculo vicioso en el que estaba metida, de la necesidad de los niños de descargar la tensión contenida a lo largo del día a través del ejercicio físico. ¿Era tan importante, en esas circunstancias, que no se salieran de la fila, que no bajaran corriendo las escaleras? ¿Qué era lo peor que podía pasar, si los dejaba correr por un rato? ¿No iba a cumplir los objetivos educativos? ¿Y encerrados en un aula, sí? Al final, tuve la sensación de que temía la pérdida de control, que se hicieran daño entre ellos, pero ¿qué control? si ya había perdido todo… Cuando le dije que no creía que fuese efectiva la aplicación de premios y castigos (según mi hija, les dijo que les tendría castigados hasta 6º y ella lo confirmó), se le pusieron los ojos como platos. Le sugerí, según la estrategia de mis niñas (“pasos pequeñitos para llegar hasta aquí”) que empezara en el aula con breves actividades que exijan ponerse de pie o leves movimientos desde su posición, después pequeños desplazamientos por el aula, luego bajar al gimnasio, por último salir al patio… Y para terminar le dije: “Gánate su confianza convirtiéndote en su aliada, no su enemiga”. Todo esto con la incomodidad que me produjo la situación “madre explicando a la profe cómo hacerse cargo de la clase”

    Hace unos días les pregunté a mis niñas que si querían ir el próximo año a una escuela de música. La mayor (la de 7 años) me respondió: “Si mamá. Pero que la profesora sea buena”. ¿Qué significa ser buena?, respondí. “Que no nos grite, no nos regañe, no se enfade si hablamos,…” ¿Es tan difícil?

    Creo que a los maestros/educadores les enseñan a aplicar estrategias para modificar conductas, utiliazando premios (medallas) y castigos (sanciones), con sofisticadas o simples técnicas: economía de fichas, silla de pensar,… Pero nadie les cuenta el final de la película,… Y el final suele ser el de la viñeta que adjuntó Manuel, el efecto bumerang del castigo.

    Maurice Elias dice en “Educar con inteligencia emocional”: “Trate a sus hijos como le gustaría que les tratasen los demás”. Pues eso, que traducido al ámbito académico sería, para rizar el rizo: “Trate a los hijos de los demás como le gustaría que ellos tratasen a sus hijos”

    Pedro, leí tus enlaces. Me encanta Martin Seligman y su Psicología Positiva. Os recomiendo, si no lo habéis leído “La auténtica felicidad”. Esta orientación nos rescata del determinismo del psicoanálisis, del reduccionismo del conductismo, del mecanicismo del cognitivismo, para mostrarnos el lado más luminoso de la psicología humanista 🙂

    Reconozco que cuando era estudiante me cautivó Seligman con su teoría de la Indefensión Aprendida. Dejé de sentir desazón por la urticaria que el conductismo me había producido 🙂

    Y en la misma linea, Boris Cyrulnik. ¡Umm! Tan interesante, a propósito del fracaso, la resiliencia, el maltrato y la ausencia de vínculo,… “Los patitos feos”, “Vinculos afectivos”,…

    Me enrollo, me enrollo cada vez que intervengo. Pero es que me resulta apasionante este CIO

    Saludos a todo el claustro

  58. da-beat dijo:

    Ricardo, Pedro, no os preocupéis. Como se acerca el fin de semana, os dejo hasta el sábado o domingo. A mi también me viene mejor, que tengo más tiempo.

    En cualquier caso, ya os digo que el claustro no se cierra, solo propondré al blog que acoja al siguiente. Se pueden seguir dejando mensajes hasta que nos cansemos o hasta que el tema no de más de sí (cosa difícil, por lo visto).

    En cualquier caso, sigo pensando que ya se han dicho muchas cosas y va siendo hora de “pensar en ello”, en vez de seguir diciendo más y más cosas. Vosotros mismos. Eso también está incluido en que sea Ideal.

    Saludos.

  59. Illaq dijo:

    Me han parecido interesantísimas las intervenciones de Chelucana que, encima, dan la sensación de “trabajadas”. Sirva esta mía de “aclaración de aclaración”…
    En realidad, si he hecho mención e insistido en las cuestiones de los refuerzos, los castigos, etc., no es porque me parezca que en ello se encierran los “secretos” y las “soluciones” de los problemas que rodean las relaciones entre profesores, alumnos y familias. Por cierto que, en relación con los castigos, Martin Seligman puede dar muchas y muy buenas orientaciones… Es muy posible que, sin pretenderlo, los alumnos “malos” se vean condenados a “aprender su indefensión”, lo que, curiosamente, pueda llevarlos a ser individuos aptos para el sometimiento incondicional…
    No obstante, a la hora de pensar en una “representación” de las interacciones y los comportamientos de quienes entran en escena en clase, donde lo que el profesor “ve” son comportamientos externos, los esquemas conductuales son verdaderamente finos. Ya comenté que “no soy conductista”, pero no porque me “repugne” ni me “dé miedo serlo”, sino porque me parece que puede irse mucho más allá en el análisis y la comprensión de los comportamientos.
    Hay, sin embargo, un pero importante y creo que ahí está el verdadero quid del equilibrio entre premios y castigos: un estímulo, un refuerzo no lo es de forma absoluta, sino para la persona concreta, y lo que sirve como tal para una no tiene porqué servir para otra. Ni siquiera tiene que servir para la misma persona en otra situación. Por eso es ahí muy importante el papel del profesor, aunque no todos estén por la labor…

  60. Juanjo dijo:

    Pedro: por supuesto que no hay nada que disculpar, y por supuesto que no has molestado en absoluto. Al revés, enriqueces este claustro (y los sucesivos, seguro) con tu presencia y comentarios. A mí también me ha limitado antes el lenguaje escrito. Quise ser informativo y amable, pero he parecido un policía de tráfico (con perdón).

    Saludos.

  61. Pedro dijo:

    Unos minutos antes de marcharme a mis clases para adultos de tarde, dejo aquí mi agradecimiento (y no dialéctico, sino sincero) a Chelucana, Juanjo, … en fin, a todos.

    En especial, Chelucana, quizás me descubra diciendo que mis ojos se han humedecido después de leer tus comentarios, que dejas aquí mucho que leer y que aprender, y la visión necesaria desde el otro lado que a veces olvido, como si mi trabajo fuera únicamente transmitir los rudimentos del dibujo, y no enseñar a ver mejor.

    Saludos

  62. Ricardo L. Rodríguez dijo:

    Necesitamos en el CIO más madres y padres que aporten su visión de los problemas de la educación. Necesitaríamos, incluso, la visión del alumnado. Les aseguro que, siendo jefe de estudios, este claustro está sirviendo para que me cuestione muchas cuestiones sobre mi propia forma de hacer y trabajar, y eso es bueno, ¿no?. Quiero decir que aprendo.
    En la tragedia griega Agamenón de Esquilo, escrita en el 458 a. C., se pueden leer dos versos (951 y 952) que traducidos casi literalmente dicen:
    “Al que ejerce la autoridad con dulzura la divinidad desde lo alto lo contempla con benevolencia”.
    Versos, por cierto, que son el eje central de una obra de teatro sobre profesores y alumnos, llevada al cine en dos ocasiones. Pronto escribiré sobre ésta en mi blog.

  63. Covadonga dijo:

    Me asombran vuestras intervenciones, tan eruditas, tan sabias, alucino con estas nuevas generaciones que saben tantas cosas, qué sana envidia. Habría que sembraros, a ver si conseguimos que vuestra especie prolifere.
    Chelucana, genial, comparto la mayoría de tus afirmaciones.
    Y el caso es que en la realidad de los centros nada de cuanto argumentáis parece necesario, la única “cualidad” que se valora en los alumnos/as es la obediencia ciega, la sumisión y cualquier procedimiento domesticador sirve ¡Qué pena!

  64. Andriu dijo:

    Acabo de perder un comentario extensísimo que me ha llevado 3 horas escribir!!!!!!

    Lo he grabado con la opción copiar del ratón, el ordenador se ha vuelto lentísimo, ha salido una leyenda hablando de memoria virtual mínima y -puff- me he quedado con cara de tonto mirando la pantalla y sin terminar de creérmelo, lleno de rabia e impotencia.

    En fin, espero retomar fuerzas el finde para volverlo a escribir.

    Me voy a la cama triste, resignado y con la sensación de haber perdido 3 horas valiosísimas.

    En fin, hay cosas peores.

    Un saludo a todos,

    pd: mi comentario era eufórico y celebraba lo mucho que estoy aprendiendo y disfrutando, nada que ver con este aborto de intervención…

  65. Yolanda Juarros Barcenilla dijo:

    Andriu el mensaje que nos has dejado, es mucho más valioso de lo que tú pareces creer. MchXs conocemos el sentimiento que te queda después de que tu mensaje se esfuma. Y tú, en ese estado, aún eres capaz de añadir la post data en la que hablas de euforia, celebraciones y disfrute.

    ¿Qué nos queda ante la impotencia y la frustración? Como tú dejas bien claro: nos queda hacer un útimo esfuerzo por sacar a la luz lo positivo. ¿Naciste así o esa capacidad se puede comprar en algún sitio?

    Que nos recuerdes lo del aborto en estos tiempos también es bastante político, ¿no crees?

    Yo he abierto la página con intención de hacer una pequeña referencia al libro “Con los niños no se juega” de Enrique Martínez Reguera. Todo el libro es una invitación a la polémica. TrabajadorXs sociales, educadorXs, picologXs, maestrXs, padres, madres, …. el vecino del 5º; hay leña para todXs. ¡y qué buena leña!

    En el capítulo final, 3 hojas, nos da algunas claves sobre cómo educar a lXs chavalXs de hoy sin usar la fuerza. Una breve invitación a sumarnos a su rebeldía para poder comprenderla y desde ahí descubrir todo lo bueno que llevan dentro. En fin, para mí, ahora que estoy en esto de los grupos singulares, un perfecto “empujón”.

  66. da-beat dijo:

    Puf, Andriu, ya lo siento que hayas perdido tu mensaje.
    Recuerdo que me paso algo parecido en una respuesta a Juanjo hace ya tiempo. No había estado 3 horas, pero sí más de una, pensando, dando vueltas a las cosas, inventando argumentos para rebatirlo… y me pasó lo mismo que a ti. ¡Qué rabia da!, parece que nunca vas a volver a escribir algo tan brillante. Pero luego te pones y, aunque no igual, te sale algo parecido. Así que ya sabes, esperamos tu aportación.

    Un saludo.

  67. Juanjo dijo:

    Jejeje, Da-beat, es que soy irrebatible 😉

  68. Andriu dijo:

    Hola otra vez,

    Gracias Yolanda y Da-beat por el ánimo y solidaridad “en la desgracia”.

    Últimamente estoy en una etapa “teodicéica” o “panglossiano” e imagino que todo lo aparentemente malo que me ocurre en realidad es para bien. En este caso, he recibido un toque de atención: no debo hacer comentarios tan extensos. En serio: lo de ayer era realmente excesivo y las disculpas hubieran sonado a mera retórica. Por otra parte, había mucha literatura y no tantos argumentos. Así que trataré en adelante de ser más respetuoso con el tiempo de todos, incluido el mío.

    Resumo, pues, mi intervención “abortada” (again) anoche.

    En primer lugar, como avancé en la post data, estoy asombrado con la calidad del debate y encantado de haber recalado en este CIO. Personalmente me está sirviendo de mucho para reflexionar, valorar y corregir mi praxis como docente y como jefe de estudios. Vivimos y trabajamos en Centros reales y somos partes de Claustros reales pero descubro en el día a día nuevos puentes y pasarelas entre esta realidad y el marco ideal que el CIO fija en relación a los temas en liza.

    En segundo lugar, he disfrutado y/o aprendido con cada una de las intervenciones anteriores, pero especialmente con las dos de Chelucana, pese a haber sido tan crítica conmigo. Me han hecho pensar mucho. Y me han hecho cuestionarme muchas de las actuaciones del día a día en la jefatura de estudios. Por otra parte, pese a que no comparto algunas de sus afirmaciones, me ha asombrado la calidad y erudición de sus intervenciones, lo cual confirma lo que ya sospechábamos y Ricardo ha explicitado: que sería estúpido hacer de este Claustro un foro endogámico y que, en efecto:

    Necesitamos en el CIO más madres y padres que aporten su visión de los problemas de la educación. Necesitaríamos, incluso, la visión del alumnado.

    Intentaré matizar mi postura respecto a los castigos que tan pocas simpatías ha suscitado. En mi segunda intervención la resumí así:

    “¿Castigos? Sí, porque (y cuando) son educativos.”

    Tras leer a Chelucana y visitar algunos de los enlaces que pone, añadiría a mi frase la siguiente coletilla o matiz:

    “… y si no queda más remedio”

    Para jugar con la actualidad política a la que hacía mención Yolanda, diré que mi posición corregida o matizada o rectificada sobre el castigo sería similar a la de tantas defensoras (y defensores) del aborto: “No nos gusta, supone un mal trago e incluso un trauma… pero es el mal menor en muchas situaciones, y por ello lo reivindicamos”. Los castigos son necesarios, evitan en muchas circunstancias males mayores y es en ese contexto en el que los defiendo como herramienta educativa indispensable.

    ¿Si? ¿qué contexto es ése? ¿ha aprendido algo este chico de las palabras de Chelucana?

    En mi comentario esfumado me dediqué a retratar pormenorizadamente dicho contexto: el de la jefatura de estudios de un IES de casi 1200 alumnos y más de 20 grupos de la ESO. No voy a aburrirles con tales descripciones. Lo que traté de explicar es cómo la mirada del jefe de estudios está necesariamente “deformada” por el tipo de alumnos que recibe en su despacho, que en absoluto son representativos de la media estadística del IES en lo que a cumplimiento de las normas de convivencia se refiere. Lo mismo pero a la inversa le debe de ocurrir a la vicedirectora, a la que envidio: a su despacho sólo van los alumnos más creativos, emprendedores, imaginativos… y de forma voluntaria. Su mirada también es en cierto modo una mirada sesgada del alumnado.

    Chelucana me decía:

    “Sí, ya sé que el castigo funciona en las cárceles y con población de riesgo. Pero ¿no hablábamos de personas normales, alumnos, que son población general, en donde hay de todo?”

    Los alumnos que suelen frecuentar la jefatura son “personas normales”, hasta ahí podíamos llegar. Pero no es verdad que entre los que vienen “hay de todo”. Hay una criba, una selección, que hace que conozca los nombres y apellidos, las familias y muchos pormenores de las vidas de una clase de alumnos, nada más: aquellos que de un modo más reiterado incumplen las normas de convivencia. O como elegantemente se ha dicho: los alumnos “singulares”. Los alumnos que sobresalen académicamente y que tienen un comportamiento ejemplar no suelen visitarme tan a menudo.

    Una de las virtudes mínimas que se pueden decir acerca de los castigos es que “funcionan”, en el sentido (poco ambicioso, modesto en los propósitos) de que mantienen el orden, tal y como lo hacen las multas o condenas que dicta un juez al aplicar la ley.

    Desde el punto de vista de la ética y de un Claustro Ideal esto es decir bastante poco. Desde el punto de vista del orden y del normal funcionamiento de un IES de más de 1000 alumnos, no está mal.

    La jefatura de estudios, nos guste o no a los jefes de estudios, por mucho que nos resistamos a ello, tiene mucho de policial. Allí derivan los casos en que otras estrategias educativas menos punitivas y más vinculadas al desarrollo cognitivo y emocional del alumno han fracasado. También ocurre al contrario: es el escenario ideal (en el cara a cara, fuera de la presión que el gran grupo ejerce sobre el profesor y el alumno) para plantear un verdadero diálogo y ensayar tales estrategias alternativas a la mera sanción.

    Cuando hablo de diálogo no hablo de monólogo ni de manipulación ni de paternalismo… y si las críticas de Chelucana a esta pantomima de comunicación iban dirigidas a mí, las considero injustas y sin fundamento. Es decir, no veo qué pude decir que pudiera ser interpretado de este modo.

    Pero es verdad lo que dice Chelucana respecto al funcionamiento de los castigos: sólo lo hacen a corto plazo y no siembran la raíz del buen comportamiento por convicción; la transformación es meramente externa.

    Supongo que esto se puede expresar kantianamente: los castigos hacen que los alumnos actúen conforme al deber, pero no por deber (o convicción interna). Les mueve el miedo, no la autonomía.

    También lo podemos expresar con la teoría de desarrollo moral de Kohlberg: los castigos sólo sirven para el desarrollo del estadio 1 de desarrollo moral (basado en premios y castigos), y dejan por tanto de lado la posibilidad de desarrollar estadios superiores (basado en la asunción voluntaria de principios morales universales).

    Ya lo dije antes: los castigos mantienen el orden, a costa de desatender la motivación ética de la acción, que requiere un trabajo más elaborado.

    No obstante, dicho esto, también he de decir que no todos los castigos son del mismo género y que algunos de ellos, aparte de asegurar cierta eficacia a corto plazo, también son educativos y siembran una semilla con un desarrollo de mayor alcance.

    Tales son, como ejemplo paradigmático, las sanciones ejemplares del juez Catalayud que cita Chelucana. He leído el link que ofrece de “pe” a “pa” y no tiene desperdicio. He de confesar que las sanciones ejemplares o los castigos educativos que aplicamos en mi IES son bastante menos creativas, imaginativas y –seguramente- educativas que las del juez Catalayud, pero tampoco son absolutamente manidas y previsibles.

    Chelucana hace muy bien en reivindicar otro tipo de estrategias alternativas a los premios y castigos (aunque echo de menos su explicitación), pero seguramente nuestras discrepancias respecto a la valoración del castigo como estrategia educativa tiene que ver mucho con el lugar desde el que nos toca educar: la jefatura de estudios frente al hogar; muchos alumnos (en la medida en que son) disruptivos frente a unas hijas con las que se comparte mucho tiempo y vivencias (no sólo aquellas relacionadas con su mal comportamiento).

    La cita final acerca de que debemos educar a nuestros alumnos tal y como nos gustaría que educaran a nuestros hijos desarma a cualquiera por su belleza. Pero creo, por una parte, que no es incompatible con el recurso a los castigos y premios. Y por otra parte, que hay determinados contextos desde los cuales resulta a veces muy difícil seguirlo. Uno de ellos es la jefatura de estudios.

    En resumen:

    1) Los castigos tienen una primera virtud: funcionan, mantienen el orden.

    2) Esto nos sabe a muy poco en un CIO (que apunta siempre al ideal), pero en los Centros reales el orden o mero funcionamiento es ya una virtud considerable (lo mismo ocurre en la sociedad: a todos nos encantaría que todos los ciudadanos fueran buenísimas personas moralmente hablando, pero a veces pensamos que con que meramente cumplieran la ley sería bastante)

    3) Mi mirada de jefe de estudios está deformada por este valor más social u holístico (orden) que personal (moralidad). De hecho, en clase, como profesor, no me parece tan acertada la estrategia de la sanción.

    4) Pese a todo, creo que los castigos educativos son posibles. Si mi modo de explicarlos en mi primera intervención fue torpe, me remito al link que ofrece Chelucana sobre el juez Catalayud.

    5) Esta sesión del CIO me está sirviendo mucho para tratar de corregir en la práctica cierta inercia punitiva o sancionadora en la que inevitablemente se instala un jefe de estudios, tratando de buscar un equilibrio entre el bien del alumno sancionado (mediante sanciones lo más parecidas al espíritu del juez Catalayud) y el resto de personas afectadas (alumno agredido, profesor insultado, instalaciones dañadas, etc).

    Ahora sí. Me despido. Al final, me he enrollado más de lo que habría deseado. Soy incorregible. Vergüenza me da ya decirlo: ¡Disculpas!.

    Un saludo a todos.

  69. da-beat dijo:

    Quizá llego tarde, quizá no. El caso es que, trasteando en mi nuevo alojamiento, veo la posibilidad de incluir un chat. No es que sea un gran invento, porque tiene un montón de inconvenientes (no queda constancia escrita, las respuestas no se pueden meditar tanto, habría que hacerlo a una hora concreta un día concreto, y el CIO parecería un Claustro normal), pero también tiene sus ventajas (interacciones más directas y en tiempo real, conversaciones más ágiles).

    Después de pensarlo un rato, llegué a la conclusión de que, para el CIO, estaría bien una combinación Blog-Chat. Primero se hace el debate a través del blog, como hemos venido haciendo hasta ahora, y después se puede acordar un día y una hora para “hablar” a través del chat, una vez que se ha meditado sobre lo escrito en el blog, una especie de colofón.

    No sé que pensáis de esta idea para futuros CIOs. El chat no está en este blog, sino que es independiente y se abre en una ventana aparte. Lo que he creado es una Sala de Chat para el CIO. Se puede poner en cualquier blog que celebre el CIO. Es más, se pueden poner enlaces desde varias webs y todas llegar a la misma sala, que es lo que queremos. Ya he creado esa sala y he puesto los enlaces en mi blog. Si os parece buena idea y queréis poner el enlace en vuestro blog, enviad un mail a y recibiréis automáticamente un mail con las instrucciones para incluir la sala de chat del CIO en vuestro blog.

    Podemos hacer una prueba mañana domingo sobre las 6 de la tarde. No sé cuántos leeréis esto a tiempo, ya dije que quizá llego tarde, pero puede ser una buena idea para próximos CIOs.

    Como resumen a este, y para aprovechar al máximo el capítulo de House que estoy desmembrando, os dejo este corto vídeo, que no sé si se puede aplicar al tema que hemos tratado (o a cualquier tema relacionado con la educación).

  70. Juanjo dijo:

    Creo que lo del chat es una fantástica idea. No sé si podré hoy, y creo que podrías publicitarlo en un post, a ver qué piensa el personal. Pero ya digo, sólo creo. En cuanto pueda, voy a escribir un “meta-CIO”.

  71. Juanjo dijo:

    Yo ya lo he añadido a mi blog (barra lateral derecha). Tiene buena pinta, y lo he probado, aunque estaba yo solo 🙁

  72. Juan A. Pérez dijo:

    No he podido resistirme…

    ¡Toma CIO!

    Esto está siendo todo un placer visitarlo y releerlo.

    Con el lenguaje (verbal y escrito) casi siempre decimos más de lo que queremos y menos de lo que quisiéramos (¿parajodas del lenguaje?). Es un código abierto, metafórico, polisémico, eufemístico… Y, además, tenemos todas las “connotaciones” personales posibles. ¿A qué viene todo esto? A que no tenemos por qué estar de acuerdo con todo ni con todos. Y no pasa absolutamente nada. La realidad no ES, la construimos y reconstruimos, la interpretamos y reinterpretamos con las redes del lenguaje. La realidad es multiforme, compleja y dinámica. Siempre que reflexionemos o debatamos sobre ideas, sobre hechos o acontecimientos y no lo hagamos sobre las personas, el resultado puede-debe ser satisfactorio para todos.

    Insisto: no soy docente. Léaseme en clave de educación social.

    El educador es un referente de las Normas y de la Ley. El educador no puede saltarse las Normas. Cuando, por ejemplo, en un centro hay personas acosadas o agredidas y los educadores y gestores se inhiben, la aplicación de cualquier otra Norma sólo es despotismo (generalmente desilustrado). Cuando en un centro residencial educativo de menores se droga a los niños para que “no molesten”, las Normas y castigos son la justificación o el instrumento de los malos tratos institucionales. Resumiendo, si los educadores o la dirección de un centro no cumplen escrupulosamente la Ley y las Normas cualquier tipo de exigencia al educando es más abuso de poder que cualquier otra cosa.
    El educador debe marcar límites con claridad y coherencia. Los límites son necesarios, pero el educador transmite, lega o propone cultura, saber, prácticas, actitudes o valores. Ni hace terapia ni cura. Ni juzga, ni castiga. El castigo no lo admito como educativo. Cuando he pedido la expulsión (temporal o definitiva) ha sido para proteger la integridad (mía o de otros educandos) esto es un asunto, si se quiere legal, administrativo, civil o de derechos fundamentales y no tiene pretensión educativa sino de protección propia o ajena. Se pueden y deben imponer sanciones en los centros educativos cuando corresponda pero debemos situarnos en el lugar apropiado: Ley y orden. Ni pedagogía, ni psicología, ni…
    La educación obligatoria es eso: obligatoria. Estudiar es una “obligación” para el estudiante: claro, no le queda otra. Estudiar y aprender como obligación no puede acabar demasiado bien… Estudiar y aprender es un placer, una motivación, tiene muchas recompensas secretas, pero algo falla, la escuela parece convertirse en un martirio para muchos chavales. La experiencia que la gente tiene de la escuela no suele ser demasiado grata. Recuerdo ciertos centros de atención a drogodependientes donde a las personas que consumían las expulsaban. Osea, que una persona va a un centro porque tiene problemas con el consumo de drogas y si consume lo expulsan. Pues vamos apañaos…

    Maud Mannoni, señalaba que en un centro de menores, donde los educadores atendían chavales con pautas de comportamiento conflictivas descubrieron, entre otras cuestiones, que cuando el educando que ocupaba el “lugar” de más “malo” o más “loco” dejaba el centro, otro chaval tendía a ocupar ese “lugar”. Moraleja: ¿En qué lugar simbólico ponemos los educadores (instituciones: familia, etc.) a los educandos?

    No recuerdo exactamente dónde se realizó un “experimento” que consistía en coger a un grupo de profesores y a dos grupos de alumnos (uno de buenos estudiantes y otros de muy malos estudiantes). A los profesores se les engañó diciéndoles que el grupo bueno era el de los malos estudiantes y que lo malos eran los buenos. El resultado final fue que los malos estudiantes de verdad aprobaron en su mayoría mientras que los buenos suspendieron mayoritariamente: Efecto Pigmalión.

    Igual que los signos lingüísticos carecen de esencia y su valor depende de cómo se combinan con los demás, las personas tampoco tienen cualidades intrínsecas o innatas sino que dependen del “lugar” que ocupan (o se les hace ocupar) en sus relaciones con los demás.

    No comparto la filosofía de premios y castigos, ni de refuerzos positivos o negativos. El educador debe, creo, dar al sujeto un reconocimiento incondicional como persona, un trato humano, respetuoso y, el educando, debe ir asumiendo la responsabilidad de su propia educación. Cosa incompatible con los castigos. R. Spitz conceptualizó el síndrome de hospitalismo. Tras comprobar que los bebés morían sin causa aparente en los hospitales y orfelinatos teniendo sus necesidades biológicas bien atendidas pudo demostrar que los bebés se morían por cómo eran tratados, por la indiferencia, por la falta de RECONOCIMIENTO. Negar al otro es su fusilamiento simbólico, social, incluso, vital. El educador debe reconocer y apoyar la constitución del sujeto como tal, autónomo y responsable: no sumiso ni resignado. La educación social tiene como eje central, entorno al cual giran sus actividades, la responsabilización de los educandos para que, emancipándose de tutelas, se hagan cargo de sus propias vidas.
    La sociedad actual es hipercompetitiva y paternaloide: competitividad descarnada y deshumanizada, con algunos que logran el éxito y los premios, y muchos, “perdedores” y “fracasados”. Un porcentaje muy elevado de la población vive en la pobreza. El sistema educativo actual coopera y no compite con el modelo social neoliberal que todos conocemos. Mundialización de la economía, de la pobreza y de la mano de obra barata; inseguridad, inestabilidad, precariedad, explotación, exclusión. Sinceramente, creo, que nadie que pase por la educación obligatoria debe salir con un sello de fracaso. Si un alumno se esfuerza y trabaja no puede-debe ser suspendido (y si no se esfuerza tampoco). La educación obligatoria tiene la responsabilidad de preparar para la vida adulta y social: no para cribar y estigmatizar. El fracaso muy pocas veces es responsabilidad del alumnado.

    Soy de la opinión de que en los claustros, la mayoría en votos, tendría que estar en manos de los padres y no de los profesores y la dirección. Me han gustado TODAS las intervenciones, incluso discrepando.

    Disfruto y aprendo mucho con vuestras reflexiones.

    Juanjo: gracias. Muy amable como siempre.

    Un saludo para cada uno/a.

  73. Montse dijo:

    He leído todo, todo, todo; y todo me ha parecido muy interesante. Pero, sinceramente, a mí no me da tiempo a tanto, leer, aportar, debatir… imposible, mi día es más pequeño que el vuestro (sobre todo porque yo no renuncio a las siestas, jaja). Bueno, ya en serio, que todas las aportaciones son interesantísimas pero que son parte del CIO, en los claustros reales falta reflexión y análisis, se hace lo mismo que hace 30 años. La escuela sigue siendo como siempre ha sido y la vida ha cambiado mucho, así que… no puede funcionar.

    Sólo quería contestar a Andriu, es verdad que a veces nos olvidamos que la diversidad también incluye a l@s que sobresalen por arriba. No obstante, ést@s van a salir a flote a pesar de nosotr@s pero l@s que no llegan a lo que se considera “normal” son l@s que casi siempre se quedan en al cuneta. Así que si hay que elegir, opto por dedicarme a est@s últim@s. Si hay que elegir, insisto, porque estoy contigo en que hay que atender a tod@s. Pero como diría Rawls, si hay que favorecer a algun@s que sea a l@s más desfavorecid@s.

    El chat me parece buena idea y poder hacer algún claustro real en fin de semana tampoco estaría mal. Un saludo, Montse

  74. Chelucana dijo:

    ¡¡¡MUUUUAAAC!!!

    Valga este beso maternal para curar los coscorrones que te he adjudicado, Andriu. ¡¡Y encima pierdes el mensaje de tres horas!! Deberías odiarme y aún así tus comentarios son halagadores… ¡Vaya! La altura y calidad humana de los miembros de este claustro me tiene abrumada.

    Mis disculpas, Andriu. Yo tampoco me he ofendido, en nombre de todas las madres, por tu asombro ante la calidad y erudición de las intervenciones de una madre :-)) Es broma! Son las trampas del lenguaje escrito.
    Pero has pedido lo que esperaba, la explicitación de esas estrategias alternativas a los premios y castigos.

    En primer lugar, quería explicar que en todo este asunto, como muy bien ha contado Juan A. Pérez, no hay fórmulas mágicas, ni estrategias más o menos correctas y aplicables a todas las situaciones. Cada uno de nosotros hemos tratado de dar luz sobre una parte de la realidad para configurar la imagen total. Pero, obviamente, cuento lo que me interesa y desde la perspectiva que deseo (¿demagogia?). De la misma manera que cada día elijo leer, escuchar o ver un periódico, una emisora de radio o un canal de televisión y no otro. Busco la información afín a mi forma de entender las cosas. Así es que, en este asunto, supongo que las cosas funcionan igual. Nadie nos ofendemos y utilizamos la información que nos es útil.

    Pero vale de digresiones,…

    Respecto a los castigos, no queda mucho que decir. Pero el objetivo de este CIO, según había propuesto Da-beat, era hablar de un sistema de recompensas, premios, refuerzos,… para aquellos que lo “merecen”.

    Como ha dicho Juan A. Pérez. Todos los alumnos son merecedores de reconocimiento y aprobación. ¡Algo bueno tendrán, no! Es cuestión de buscar… Y encontraremos algo que sea digno de elogio en cada uno de ellos.

    Así, no estoy de acuerdo con los premios tipo medalla, regalito de papá por haber aprobado,… o elogios valorativos. “El mejor”, “El más…” Ya lo habéis dicho, es maniqueo, porque siempre habrá otro que sea “el menos…”, “el peor…” En general, no son buenas las afirmaciones categóricas, bajo mi punto de vista. Estigmatizan y obligan a cumplir con el papel de… Tampoco creo que sean útiles las verbalizaciones del tipo: “Muy bien, sigue así”, “Estupendo”, “Te estás superando”… Carecen de contenido.

    Sí estoy de acuerdo con los reconocimientos descriptivos. En clase de lengua, por ejemplo: “Tu análisis es bastante bueno. Has entendido perfectamente la intención del autor y has expuesto tus ideas con claridad y orden. Has cometido tres faltas de ortografía y no puedo aprobarte por ese motivo. Confío en que la próxima vez pongas la misma pasión en tus comentarios y un poco más de razón. Sé que ha sido un descuido que podrás subsanar con algo más de atención cuando escribes“.

    Pero… ¡¿Qué digo?! Esto no es un elogio. A esto se le llama EVALUACIÓN, ¿no? Supongo que a vuestros alumnos, en ocasines les encantaría saber por qué han suspendido y por qué no, dónde han fallado y dónde han estado fuertes.

    Se pueden dar noticias malas, si tenemos la precaución de envolverlas con otras buenas, que no minen la autoestima. La “técnica del sandwich” es lo que he utilizado en el comentario anterior. Un poquito de pan dulce, jamón salado y otro pan dulce. Es lo mismo que decir, te he suspendido, pero indicando dónde estamos y marcando el camino de hacia dónde queremos que vaya, invitándole a utilizar sus propios recursos, sus potencialidades y mostrando nuestra confianza en ellos 😉

    Y, si no, podéis cantarles esto: Con un poco de azucar

    ¡Hasta el próximo CIO y gracias por vuestra calurosa y halagadora acogida!

  75. da-beat dijo:

    No te creas, Chelucana, que a los alumnos les interesa saber en qué han fallado o por qué han suspendido. Son muy pocos los que hacen eso y, creo, también es culpa nuestra, que los los orientamos demasiado a los resultados, en vez de al camino recorrido.

    Te lo digo por experiencia: Nunca pongo la nota en los exámenes cuando se los doy. En su lugar, en vez de limitarme a tachar lo que esté mal, les pongo dónde se han equivocado, por qué, y qué deben hacer para no volverse a equivocar en lo mismo. Creo que los exámenes, además de un método de evaluación, son una maravillosa ocasión para aprender. Pero siempre me ocurre lo mismo: “¿Y la nota?” La nota se la digo después, no creáis que no se la digo. Lo que pasa es que he comprobado que, la mayoría de las veces, solo miran la nota. Si ven un examen con un 7, están contentos de aprobar y no les preocupa saber porqué les faltan 3 puntos para el 10. Si tienen un 3, han suspendido y “qué más da lo que tengo mal”. Tampoco hablo de todos, por supuesto, pero sí de la mayoría.

    Otro caso de la última evaluación: Tuve que llamar a una madre después de saber las notas por suspender a una niña. Estaba llorando, yo ya había hablado con ella y le había dicho, más o menos, lo que pones en tu mensaje: “Vas muy bien, estás mejorando, pero tienes notas muy bajas y no puedo aprobarte. De todas formas, solo es la primera evaluación y estoy seguro de que aprobarás la segunda y la tercera”. Su respuesta: “Sí, ¿y como le digo eso a mi madre? Ella lo que ve es un suspenso”. Solución: llamé a su madre y se lo expliqué a ella. Los alumnos, la mayoría de las veces, quieren el aprobado, no lo motivos de un suspenso. Eso es lo que nosotros queremos que quieran, al menos yo.

    Saludos.

  76. Andriu dijo:

    Muchas gracias, Chelucana, por ese beso maternal. Ahora que vivo separado de mis padres por mucha agua salada de por medio, me hacen falta muchos de esos.

    Yo no sé si con esta birria de conexión a internet que tengo (tarjeta PCMCIA de movistar) podré chatear, pero me parece una buena idea, un buen complemento a este CIO. Al menos servirá para aclarar online malentendidos, como el nuestro, Chelucana, al pensarte que cuando decía eso de que ” me ha asombrado la calidad y erudición de sus intervenciones” lo que quería decir o lo que pensaba consciente o inconscientemente era eso de que mi asombro se debía a “la calidad y erudición de las intervenciones de una madre”.

    Dame besos Chelucana, y coscorrones, siempre que me los merezca, pero ten cuidado y sé generosa al leerme, que cuando me pagas mis elogios con coscorrones me duele el doble.

    Montse, sí: si hay que elegir, siempre hay que optar por “los que casi siempre se quedan en al cuneta”. Mas ¿quién nos obliga a elegir? ¡Y menos en un Claustro Ideal!

    Da-beat, a mí también me ha pasado, coincido con tu diagnóstico sobre la reacción de los alumnos a una valoración no numérica. Aunque en tu caso, siendo de mates, esa necesidad puntual de números podría al menos servirte de efímero consuelo.

    Y hablando de números: ¿ya fueron a ver “Los crímenes de Oxford“?

    ¡Nos vemos en las 3000!

    En segundo lugar, he disfrutado y/o aprendido con cada una de las intervenciones anteriores, pero especialmente con las dos de Chelucana, pese a haber sido tan crítica conmigo. Me han hecho pensar mucho. Y me han hecho cuestionarme muchas de las actuaciones del día a día en la jefatura de estudios. Por otra parte, pese a que no comparto algunas de sus afirmaciones, me ha asombrado la calidad y erudición de sus intervenciones, lo cual confirma lo que ya sospechábamos y Ricardo ha explicitado: que sería estúpido hacer de este Claustro un foro endogámico y que, en efecto:

    Necesitamos en el CIO más madres y padres que aporten su visión de los problemas de la educación. Necesitaríamos, incluso, la visión del alumnado.

  77. Andriu dijo:

    Uy, perdón, para una vez que soy breve publico un trozo de texto de más involuntariamente.

    Lo que va después de mi despedida hasta vernos en las 3000 lo copié de mi post para ver qué le había dicho exactamente a Chelucana… pero me olvidé luego de borrarlo. Sorry.

  78. Chelucana dijo:

    JA, JA, JA,… Me parto, Andriu… Insistes en el comentario, aún sin queriendo… (¿lapsus calami?)

    Mi mensaje de ayer fue algo atropellado, disponía de poco tiempo, y quería explicar demasiadas cosas con un ejemplo. Me gustaría que lo interpretárais fuera del contexto evaluación=examen con valoración cuanti o cualitativa.

    Pensaba más bien en estrategias para utilizar la herramienta más poderosa que tenemos los humanos: COMUNICACIÓN, COMUNICACIÓN, COMUNICACIÓN.

    -¿Cómo explicar los aspectos negativos, oscuros,…? Empezando por los positivos se encaja mejor: sandwich o “con un poco de azucar”.

    – Proporcionando situaciones de éxito. Para cada alumno, de acuerdo a su nivel. Mantiene la motivación y desarrolla expectativas positivas respecto a sí mismo (También si percibe que poseemos expectativas elevadas hacia él. Juan A. Pérez, el “efecto Rosenthal”, “efecto Pigmalión” o la “profecía autocumplida” son la misma cosa. ¿Te referías a esto?)

    – Señalando claramente a dónde queremos que llegue, ofreciendo estrategias para conseguirlo y garantizando nuestra disponibilidad. “Pasos pequeñitos hasta aquí”

    – En este contexto, todo es evaluación. Cualquier actuación es susceptible de ser evaluada, no sólo el examen ¿no?

    – Cuando hablo de “reconocimientos descriptivos” o “elogios descriptivos”, me refiero a elogiar las acciones y no a las personas, como con los “mensajes yo” para comentar lo negativo.

    Por ejemplo, un elogio útil: “Tu poema me llegó al corazón. ¡Qué bien escrito está!”
    Conclusión del alumno: “Me alegro de saber escribir poemas”
    Elogio inútil o que genera falsas expectativas: “Eres todo un poeta. Llegarás lejos escribiendo”

    Estas Navidades le regalé a mi marido este libro: “Padres brillantes, maestros fascinantes” de Augusto Cury. ¿Quién se resiste ante un título así? No lo he leído todavía pero, según mi chico, parece más ambicioso en las intenciones que en las conclusiones… Pero me cautivó el índice, que os transcribo. El capítulo dedicado a los maestros incluye estos epígrafes:

    – Los buenos maestros son elocuentes, los maestros fascinantes conocen el funcionamiento de la mente.
    – Los buenos maestros poseen metodología, los maestros fascinantes tienen sensibilidad.
    – Los buenos maestros educan la inteligencia lógica, los maestros fascinantes educan la emoción.
    – Los buenos maestros utilizan la memoria como almacén de datos, los maestros fascinantes la usan como fundamento del arte de pensar.
    – Los buenos maestros son temporales, los maestros fascinantes son inolvidables.
    – Los buenos maestros corrigen comportamientos, los maestros fascinantes resuelven conflictos en el aula.
    – Los buenos maestros educan para una profesión, los maestros fascinantes educan para la vida.

    …Y más de lo mismo para los padres 🙂

    Y termino con una cita:

    “Como maestro, he llegado a la terrible conclusión de que soy el elemento decisivo en el aula.
    Es mi enfoque personal diario lo que crea el ambiente. Es mi humor diario lo que establece el clima. Como maestro poseo el poder tremendo de hacer la vida de un niño miserable o alegre.
    Puedo ser un instrumento de tortura o un instrumento de inspiración. Puedo humillar o animar, lastimar o curar. En todas las situaciones es mi respuesta la que decide si una crisis aumentará o se reducirá, y si un niño será humanizado o deshumanizado”.
    Haim G. Ginott

    Saludos a todos 😉

  79. da-beat dijo:

    Andriu, tu equivocación ha venido bien, así que no la voy a borrar. Me ha recordado lo que habías dicho de que necesitamos la visión del alumnado. Se me ocurrió entonces hacer algo al respecto, pero ya se me había pasado. Con tu error lo vuelvo a tener presente. Necesitamos la visión del alumnado. Haré algo con los míos y pondré aquí los resultados.

    Saludos.

  80. Juan A. Pérez dijo:

    Hola Chelucana.

    Efectivamente, con la referencia al “efecto Pigmalión” (o profecía autocumplida) hacía referencia a las expectativas, tanto en positivo como en negativo, con que los educadores impregnamos a los educandos. También, a los efectos reales que dichas expectativas tienen sobre los educandos. Se trata de cuestionarse sobre el “lugar” simbólico en que los educadores ponemos a los educandos. Y, además, esta estrechamente relacionado con el RECONOCIMIENTO del “otro”. Entiendo que hay unos MÍNIMOS innegociables, a saber: la dignidad de las personas ha de ser reconocida siempre y en todos los casos. Ese reconocimiento puede tener un valor “vital” para muchos educandos. Lo considero un requisito indispensable para la educación (además de un derecho).

    Un saludo

  81. Kenna dijo:

    Interesting to know.

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